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  06/01/2009
 

 Los doce pecados del verano

 

El

verano es lo que tiene. Nos vamos para disfrutar y volvemos divorciados o enfermos. Sabemos de los peligros y, en muchas ocasiones, conocemos los remedios, pero los pasamos por alto porque pensamos que nunca nos van a ocurrir a nosotros. Éstos son los doce pecados capitales del verano.


1. No prestar atención al sol. “A pesar de lo que se diga, lo cierto”, como señala la dermatóloga Aurora Guerra, del Hospital 12 de Octubre de Madrid, “es que la mayoría de la población va a tomar el sol este verano. Por eso hay que recomendar prudencia e hidratarse bien”. Así que tanto si elegimos montaña como playa resulta indispensable protegerse adecuadamente. En el mejor de los casos, los rayos solares eliminan el manto hídrico de la piel y la envejecen. Esta piel que maltratamos en verano es nuestro protector ante los elementos externos. Y ¿cómo podemos reponer el agua perdida? Usando protectores solares, evitando las horas del mediodía, que son las de más radiación, tomando abundante líquido (agua, preferentemente) y aplicándonos un after sun después de la exposición solar.

2. Hacer dieta sin control. En una sociedad que favorece y premia el culto al cuerpo, no es raro que cada año se produzca una vertiginosa carrera por conseguir el ansiado adelgazamiento. Como se señala desde la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, perder un poco de peso es muy fácil, pero volver a cogerlo e incluso superarlo, es mucho más sencillo aún. Hacer dieta sin control médico endocrino puede ser peligroso para la salud.

Hay trucos sencillos para controlar la ingesta de alimentos, como tomar una fruta saciante poco antes de las principales comidas, beber más agua (dos litros al día en las personas sanas), primar el consumo de vegetales y comer más veces al día (cinco), aunque menos cantidad. Y evitar aperitivos y fritos.

3. Buscar el cuerpo 10. La inscripción en los gimnasios tiene dos picos en el año: después de Navidad y justo antes del verano. Para lograr un buen estado físico hay que ir regularmente al gimnasio y no de manera compulsiva. Así se evitan lesiones musculares. Una buena forma física se gana muy lentamente y se pierde muy rápido.

Y no hay que olvidar hacerse un reconocimiento médico antes de acudir a uno de estos centros.

4. Hacer viajes arriesgados. Los contagios por las llamadas enfermedades exóticas o tropicales han crecido un 72% desde 2002 entre los viajeros españoles, como se destaca desde la sección de Medicina Tropical del Instituto de Salud Carlos III. Muchas veces, estas infecciones se contraen por no vacunarse o no seguir las recomendaciones médicas. Es necesario guardar ciertas normas antes, durante y después del viaje. Al menos tres meses antes del viaje hay que pedir cita en un centro de vacunación internacional. Durante el viaje, hay que prestar atención al agua y productos “frescos”. El agua hay que tomarla siempre embotellada y, a ser posible, con gas carbónico, que atenúa la acción de muchas bacterias. Los alimentos, cocidos o bien cocinados.

Y no comer en puestos callejeros ni bañarse en ríos o lagos de agua dulce.

5. No cuidar la circulación. El conocido como síndrome de la clase turista es una especie de flebitis en las piernas que se produce por tener que pasar mucho tiempo sentados en lugares de reducidas dimensiones como son los asientos de la clase turista. Caminar de vez en cuando por el pasillo del avión puede ser útil para prevenir el problema. Otro problema es el jet lag, la sensación de malestar general que se produce cuando atravesamos muchos husos horarios en muy poco tiempo, especialmente en los viajes transoceánicos. Aparte de la melatonina, que algunos estudios afirman que funciona, hay trucos para mitigar sus efectos. “El más valioso es no meterse en la cama cuando uno llega al lugar de origen. Hay que aguantar despierto,” y como subraya el farmacólogo y experto en cronobiología Antoni Díez Noguera, “si se puede, hay que tomar el sol. Eso hará un efecto parecido al de la melatonina y mitigará los efectos perniciosos del viaje”.

6. Olvidar el botiquín. Es conveniente llevar un pequeño botiquín de “primeros auxilios”, que debería contener como mínimo: antipiréticos y analgésicos (aspirina y paracetamol) para combatir fiebre y dolores en general; vendas, esparadrapo y un antiséptico para tratar heridas, pomada con corticoides o antihistamínicos para combatir una posible alergia, antidiarreicos, pastillas antivómitos y mareos, repelentes de insectos, preservativos, polvos antifúngicos contra los hongos y crema para protegerse del sol y de las picaduras de insectos.

7. Subestimar los helados. ¿Quién puede resistirse a un helado en verano? Una creencia muy extendida es que estos productos son poco nutritivos. Considerados chucherías o refrescos nadie imagina que, en muchos casos y según el tipo, un helado puede proporcionar tanta energía como un filete. Los expertos en nutrición calculan que 100 gramos de helado (no sorbete) proporcionan, aproximadamente, unas 200 calorías.

8. No prestar atención a los hongos. No sólo hay que tener cuidado a la hora de bañarnos y respetar las banderas de señalización de las playas, también hay que tener precaución en lugares húmedos, como las duchas de una piscina que pueden estar repletas de hongos. Por esta razón hay que procurar ducharse con zapatillas de goma y guardar precauciones similares al ducharse o tumbarse sobre una toalla húmeda o sobre una hamaca.

9. No cuidar los ojos. Los ojos suelen ser uno de los grandes olvidados del verano. Tanto jóvenes como mayores deben llevarlos protegidos con una buenas gafas. En verano hay que evitar compartir toallas, pañuelos u otros útiles que puedan estar en contacto con los ojos de otras personas. La conjuntivitis es la enfermedad ocular que motiva más consultas en Oftalmología, ya que uno de cada cinco españoles la sufre o sufrirá en algún momento de su vida.

10. Elegir mal el medio de transporte. De entrada, el mejor medio es el tren, ya que permite levantarse y pasear, a la vez que se evitan los atascos de las carreteras. El avión no está indicado para personas con problemas de circulación de retorno y embarazadas (dependiendo del mes de embarazo). Si se viaja con bebés y niños pequeños hay que tener a mano el biberón o los chicles para evitar el dolor de oídos por el cambio de presión. Si se viaja en coche hay que alternar el aire acondicionado con el aire natural de vez en cuando para no resecar mucho el ambiente, llevar abundante agua y algún producto contra el mareo, y hacer paradas intermitentes.

11. Dejarse la medicación en casa.
Un pecado doble en el caso de enfermos crónicos y niños, puesto que puede ocurrir que en el lugar al que vayamos no exista el medicamento que necesitamos.

12. Olvidar el sida y otras ETS. Las vacaciones de verano es un momento propicio para iniciar nuevas relaciones sexuales. No hay que relajarse en este aspecto porque muchas enfermedades de transmisión sexual están al acecho. Hay que utilizar siempre preservativo, y tomar todas las medidas de higiene posibles. Enfermedades como la gonorrea, sífilis y el virus del papiloma siguen creciendo entre la población.

 

J. Barberá

Artículo publicado en el nº 211 de junio - agosto 2008 de la Revista muf@ce - www.map.es/muface/

 

Fotografías:
infoguemes.com.ar
macuariom.com
flickr.com
taringa.net
 

 

 

 
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