
Este fenómeno nació a comienzos de los 90 en entornos universitarios y escolares de Salamanca y Cáceres. Lo practican chicos y chicas de 16 hasta 25 años.
Esta actividad se basa en comprar alcohol a precio bajo para consumirlo en calles o plazas ya que es más barato que ir de copas a locales. Se bebe cerveza, calimocho (coca cola y vino), ginebra y otras bebidas con alcohol hasta alcanzar un alto nivel del mismo. Son reuniones de grupos de jóvenes con normas en cada grupo y que no admiten ciertos comportamientos como la pasividad o la reflexión. Comparten alcohol por igual, hablan, se liberan, ríen y alborotan. También se dan competiciones de quien bebe más y se consumen drogas. Las conversaciones se desarrollan en torno al sexo, estudios y dinero y se busca la comunicación. Se da apoyo si hay alguien que lo pasa mal.
Esta parte significativa de la juventud española que se dedica al "botellón" o, lo que es lo mismo, a beber por beber; a beber hasta la inconsciencia, ha empezado a preocupar a familias e incluso al Gobierno que ha corrido a legislar el fenómeno: elevar a 18 años la edad legal para tomar alcohol y restringir su consumo en las vías publicas.
La Ley de Prevención del Consumo de Bebidas Alcohólicas
(conocida como ley "antibotellón"), se aprobará, previsiblemente, a finales de noviembre. Sorprendentemente el vino, la cerveza y la sidra quedarán excluidos de dicha ley ya que las bebidas de menos de 20 grados no deberán incluir en sus etiquetados leyendas que adviertan de los riesgos para la salud y podrán realizar campañas publicitarias a favor de un consumo moderado.
En el botellón están implicados además de los jóvenes, el mundo sanitario (atendiendo comas etílicos), el del orden público (llamado por vecinos para poder descansar), los servicios de limpieza (desbordados por la suciedad que queda después de estas reuniones), y el social (que no sabe cómo solucionar este problema que cada vez es mayor).
Según datos del Plan Nacional sobre Drogas, 1500 jóvenes perdieron su vida el pasado año en accidentes causados por exceso de alcohol, cuando las muertes por otras drogas sumaron 300.
Es un problema que necesita soluciones con imaginación. ¿Hasta qué punto es divertido beber, beber y beber?
Equipo Torrese
© Leonor Sedó