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  04/02/2012
 

 Alternativa a la enseñanza ordinaria

 

LA ESCUELA EN CASA

 

 

 

 

El

 homeschooling o el “educar en casa” es una opción pedagógica que cada vez cuenta con más adeptos en Estados Unidos, Australia o Canadá. Con un tímido avance en Europa, está respaldada por un movimiento de padres en desacuerdo con el sistema educativo tradicional que quieren hacer valer el derecho a educar a sus hijos en el hogar. Es una alternativa no regulada en todos los países, que en muchos casos arroja resultados positivos, pero que también es rechazada por aquellos que consideran la escuela como el primer ámbito de socialización.

 

En Estados Unidos el número de niños homeschoolers ha pasado de unos 50.000 a mediados de los ochenta a más de 1,5 millones en la actualidad, un crecimiento que se ha multiplicado por cinco desde 1993, cuando este movimiento ganó su última batalla legal. No hay que olvidar que hasta hace bien poco la educación en casa era una actividad casi clandestina, sin ningún reconocimiento legal o respaldo jurídico. En 1983 nació la Asociación de Defensa de la Escuela en el Hogar, para promover el reconocimiento de esta alternativa desde el punto de vista legal y defender a las familias ante los tribunales. El crecimiento de sus partidarios en los países citados –es decir, de aquellos que están en desacuerdo con la educación que imparten los establecimientos públicos de enseñanza– ha llevado a jueces y fiscales a aceptar este modelo de formación al margen de las aulas.

 

Los métodos de enseñanza en casa son muy diversos, aunque por lo general, son los padres los encargados de desarrollar las “directrices educativas”. Chris vive en California y tiene tres niños que no van a la escuela; ella es la encargada de diseñar un programa educativo que incluye: estudiar matemáticas, español, leer, escribir cartas a amigos o aprender sobre personas, lugares y cosas. También hay espacio para nadar, montar en bicicleta, escalar, correr, cocinar y participar en coros. Además, toman clases de judo, arte, dibujo científico, ajedrez, costura, improvisación, biología marina y fotografía.


Xabier Alà, padre de tres niños de 12, 9 y 5 años y profesor de instituto en Cataluña, decidió hace tiempo iniciar el camino del homeschooling. Así, dos de sus hijos están matriculados en el colegio estadounidense Clonlara School, que brinda educación a distancia, y en el que Alà colabora como responsable en España. “Utilizamos todos aquellos recursos a nuestro alcance: bibliotecas, museos, exposiciones, conciertos, parques, zonas deportivas públicas, el entorno natural y urbano y las nuevas tecnologías… Tenemos también muchos libros en casa y habilidades e intereses complementarios que podemos aprovechar.”

 

Sobre la formación que puede adquirirse sin necesidad de acudir a un aula ordinaria opina David Kornegay, padre de dos hijas de 18 y 16 años que nunca han acudido a la escuela: “creo que son bastante cultas para su edad, algo que les viene sobre todo de su amplia lectura de clásicos y revistas, de las muchas conversaciones que hemos mantenido, de algunos viajes familiares y de nuestra insistencia en que llegasen a dominar dos idiomas al mismo nivel”. Kornegay es profesor en un pueblo de Sevilla y responsable de Crecer sin Escuela, un punto de encuentro para homeschoolers.


Aunque no existen estadísticas al respecto, según varias fuentes las familias que educan a sus hijos en casa son unas doscientas en toda España, un número que surge de la cantidad de miembros adscritos a las distintas asociaciones y redes de apoyo, entre ellas, la Asociación para la Libre Educación (ALE) –primera organización registrada en España de familias que educan en casa–, la sede en nuestro país de Clonlara School y la citada Crecer sin Escuela.

 

 

Descubrir más que enseñar

 

“El homeschooling no significa trasladar la escuela a casa”, aclara Kornegay. “Aunque hay padres que confeccionan un programa de contenidos, reproduciendo de alguna manera la metodología escolar, la mayoría dice preferir mayores grados de libertad, y dejar de lado el `enseñar´ para dar más espacio al `descubrir´ junto a sus hijos.” Estos alumnos suelen tener entre sus principales actividades los viajes y las visitas a museos, exposiciones, parques, conciertos, instalaciones deportivas, acontecimientos culturales y parajes naturales. En este sentido sus padres consideran que están más conectados con la realidad cultural de su comunidad y de su entorno que otros chicos.


La planificación de actividades que existe en la escuela tradicional se traduce en libertad y también en compromiso en el homeschooling. La norteamericana Chris habla sobre la forma en que aprenden sus hijos: “leemos muchos libros. Muchas veces hacemos arte basados en un libro que leemos, o buscamos la localización en un atlas, luego vienen otros libros sobre la zona, el país, o la etapa histórica... El año pasado alquilamos muchas películas clásicas y musicales. Después, los niños decidieron que querían leer los libros en los que se basaban esas películas, y discutíamos por qué el director había elegido dejar fuera partes o cambiar algo”.

 

John Holt, considerado uno de los precursores del homeschooling, cree que la ventaja de este método es que no requiere que “el padre se convierta en alguien diferente”, por ejemplo, en un profesor que vierte conocimiento sobre sus hijos de forma planificada. “Se vive y se enseña a la vez, utilizando preguntas e intereses cuando vayan surgiendo, es la manera en que aprendemos antes de empezar la escuela y después de dejarla, cuando entramos en el mundo del trabajo. Ciertamente estos intereses pueden llevar a leer textos, tomar cursos, o hacer proyectos, pero la diferencia esencial es que estas actividades son elegidas y en ellas se compromete libremente el estudiante.”


Los padres de estos alumnos “desescolarizados” argumentan que, por ejemplo, la lectura o hacer ecuaciones no son procesos “naturales” y que los niños aprenden cuando para ellos tiene sentido hacerlo y no cuando alcanzan una edad determinada o cuando están obligados. De ahí que no sea inusual encontrar homeschoolers que tienen apenas ocho años y estudian astronomía, y que con diez comienzan a aprender a leer.


Esta opción educativa implica una nueva organización de la vida familiar. Los padres no se limitan a ejercer de profesores unas horas por día, sino que todas las experiencias son aprovechadas para aprender, lo que requiere mucha dedicación. El hecho de elegir esta opción en la mayoría de los casos implica que “el padre o la madre renuncian a un trabajo remunerado fuera de casa para atender las necesidades de educación de sus hijos”, según explica Azucena Caballero, presidenta de ALE. Sin embargo, el principal obstáculo para educar en casa se encuentra en la reacción del entorno de la familia y de una sociedad “en la que todo se delega” y a la que le cuesta entender que alguien asuma este tipo de responsabilidad.

 

En la comunidad de homeschoolers hay diferentes ideologías, creencias, metodologías y fundamentos. Fueron los grupos religiosos conservadores quienes primero adoptaron esta modalidad educativa en Estados Unidos, aunque hoy son muchas las familias de toda inclinación religiosa y política las que escogen este tipo de educación para sus hijos. Tanto los responsables de ALE como de Clonlara School indican que un porcentaje importante de familias ha llegado a la escuela en casa después de experiencias traumáticas en la escolarización de los hijos. Estudios realizados por el Instituto Nacional de Investigación sobre la Educación en el Hogar de Salem (Oregón) indican que la religión es una de las principales razones de esta opción pedagógica, aunque también cuentan otros motivos como dudas sobre la calidad académica de los colegios tradicionales, la preferencia de una educación individualizada, el estrechar los lazos familiares o mitigar la influencia negativa de otros compañeros.


La mayoría de estos padres se inclina por una formación integral lograda a partir del “placer de aprender”. Muchos están a favor de la libertad educativa, y en contra del sistema público tradicional. Lo confirman los catalanes Anna y Josep, –pioneros padres homeschoolers de 15 hijos, el mayor de los cuales tiene hoy 30 años–, que decidieron educar en casa por “no encontrar escuelas realmente laicas, no consumistas y respetuosas con la diversidad de pensamiento”.


Azucena Caballero apunta que en España “prácticamente todas las familias que educan en casa tienen en general un nivel cultural medio-alto, y sienten como propio el derecho de educar a sus hijos sin tener que delegar de forma obligatoria en el Estado”. En general, dentro del movimiento homeschooler a nivel mundial, son muchos los padres que cuestionan seriamente no sólo la calidad del sistema educativo tradicional, sino la escuela misma, tanto pública como privada. “Los alumnos –dicen– terminan siendo unos expertos en aprobar exámenes, pero no lo son necesariamente en conocimientos o cultura”. Un grupo de familias adscrito a ALE piensa que el principal problema de la escuela radica “en la metodología obligada por la estructura escolar, que implica el contacto sólo con iguales durante la mayor parte del día, la obligación de seguir el ritmo y la secuencia de aprendizaje que decide el enseñante, sin poder atender los intereses personales”. Otros consideran que “probablemente el papel social más importante que cumple la escuela es de servicio de guardería”.


Sobre el rendimiento escolar de estos alumnos “desescolarizados” circulan muchas teorías, aunque los padres homeschoolers sólo observan virtudes en sus hijos: desarrollo de la creatividad, espíritu crítico, ausencia de miedo a fracasar, ingenio para afrontar situaciones nuevas, y capacidad de comprensión y comunicación de igual a igual con personas de todas las edades. Algunos estudios llevados a cabo en Estados Unidos apuntan que estos niños obtienen resultados muy superiores al promedio nacional en las pruebas a las que se les somete, pero otras investigaciones señalan que sus padres hacen pasar a sus hijos por dichas pruebas cuando están seguros de que las superarán con éxito.

 

 

La socialización

 

Los padres homeschoolers comentan que la primera objeción que plantean las personas cuando se les dice que ellos educan a sus hijos en casa es la cuestión de la socialización. Muchos pensadores coinciden en que la escuela significa el primer contacto del niño con la sociedad. En este sentido se dice que la escuela cumple una función de socialización, lo que significa que reproduce ciertos valores, conocimientos y formas de comportamiento en los miembros de la sociedad para contribuir a la reproducción de ésta. Anna y Josep creen que “desde siempre, los niños se han socializado tratando con niños de diferentes edades, adultos y ancianos de su entorno. La socialización a través de iguales de la misma edad, –la que se da en la escuela– es relativamente moderna y no ha demostrado ser mejor que la otra”.


El capítulo de la socialización parece preocupar más a sus interlocutores que a los propios padres de estos chicos. Dado que las actividades de los homeschoolers implican una multiplicidad de actividades en distintos ámbitos, los padres destacan que los niños “desescolarizados” suelen relacionarse con bastantes más personas que los niños que van a la escuela. La Asociación para la Libre Educación confirma estas vivencias y agrega que “prácticamente todas las familias que educan en casa creen que sus hijos tienen más habilidades sociales que los niños escolarizados por cuanto se relacionan con más naturalidad con personas de todas las edades”.

 

 

Marilín Gonzalo/D. Vila

Artículo publicado en el nº 192 Otoño 2003 de la Revista MUFACE.  www.map.es/muface/

Fotografía: Pepe Varela

 

 

 

 
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