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  06/01/2009
 

 Henryk Ross - Recuerdos enterrados

 

Henryk Ross nació en Varsovia en 1910. Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Ross era fotógrafo deportivo en un periódico local y durante la defensa de Polonia, fue uno de los combatientes. A lo largo de los cinco años que duró la invasión de su país fue, junto a Mendel Grossman, fotógrafo oficial del Departamento de Estadística de la administración judía y de los servicios de propaganda. Más allá de su labor, ambos decidieron documentar la vida entre esos muros.

Cuando en 1944 los dirigentes nazis decidieron liquidar el gueto de Lodz, el último reducto judío que les quedaba, Ross se apresuró a enterrar sus miles de negativos junto a otros documentos como el dinero que utilizaban, efectos personales, periódicos ... En la fase final del conflicto, y una vez que los últimos trenes de la muerte habían partido rumbo a los campos de exterminio con la mayor parte de los 70.000 judíos que todavía quedaban en Lodz, las fuerzas aliadas lograron salvar a entre 5.000 y 7.000, el mayor número de supervivientes registrado en cualquier gueto del Este.

Ross permaneció en el gueto como parte de las brigadas de limpieza, un contingente al que las autoridades alemanas también planeaban asesinar. Un soplo les permitió enterarse de estos planes y buscar un escondrijo hasta que, en 1945, los soldados soviéticos les liberaron.

Acabada la guerra, Ross y Stefania, su mujer, se quedaron en Lodz, donde tuvieron dos hijos y él continuó con su profesión. En la década de los 50 emigraron a Israel, desde donde emprendió la tarea de recuperar sus fotografías de las que más tarde exhibiría una parte para mostrar las atrocidades del Holocausto. En 1987, cuatro años antes de morir, terminó su catálogo final, donde afirmaba que “quería dejar constancia de nuestro martirio”.

Tras sobrevivir al genocidio, Henryk Ross se dedicó a divulgar los horrores del nazismo. Por un lado, colaboró con diversos libros y exposiciones como Unser Weg ist Arbeit (Nuestro camino es el trabajo), la más importante sobre la historia de Lodz, celebrada en Frankfurt hace más de una década. Asimismo, en 1961 fue testigo durante el juicio contra Adolf Eichmann en Jerusalén y diez años después, contra un miembro de la Gestapo en Alemania. En estos procesos, sus fotografías y experiencia personal mostraron, una vez más, la cara más siniestra del Holocausto.

Ross emigró a Isarel en 1950 donde murió en 1991.

 

Las fotografías de la exposición

Frente a la memoria colectiva más conocida de los guetos, donde el sufrimiento, la tristeza y la desesperación eran parte intrínseca del día a día, en las fotografías de Henryk Ross aparecen personas para las que la alegría es una emoción que no han olvidado. Las estremecedoras instantáneas de Ross muestran el sueño de aparente normalidad del que disfrutaron los cerca de 8.000 judíos que colaboraron con los alemanes para hacer de Lodz uno de los guetos más productivos de la Segunda Guerra Mundial. Parecen haber sido captadas antes del conflicto, porque en ellas hay madres que alimentan a sus hijos, niños que juegan, jóvenes que bromean... Y es que sus protagonistas vivieron engañados. Creyeron en las promesas de los oficiales nazis de que salvarían sus vidas. Tuvieron mejores ropas y más comida, pero también fueron asesinados. La burbuja de normalidad que les envolvía se desvaneció en los campos de exterminio.

En 1997 el hijo de Henryk Ross puso a disposición del londinense Archive of Modern Conflict (Archivo de los Conflictos Modernos) una colección de más de 3.000 negativos que su padre había realizado en el gueto de Lodz.

Aunque una parte de esas imágenes ya había sido desvelada, otra había permanecido oculta por expreso deseo de su autor. Las instantáneas inéditas eran aquellas que captaban escenas cotidianas del gueto: parejas besándose, niños jugando en las calles, banquetes de boda con alegres comensales. A simple vista, parecían escenas costumbristas de antes de la guerra. Nada más lejos de la realidad. Esas fotos también fueron tomadas en el gueto. Junto a esas instantáneas de vida normal, estaban las que Ross había enseñado mientras vivió, las que dan sentido al sobrenombre de “antesalas del infierno” que recibieron estos lugares en la época nazi y en los que murieron unos 500.000 judíos.

Las fotografías ocultas de Henryk Ross sólo se dieron a conocer seis años después de su muerte, una vez que su hijo entregó el material al Archive of Modern Conflict. En un principio se pensó que Ross había guardado parte de su archivo para preservar su intimidad, puesto que las fotografías mostraban escenas de su ámbito familiar, sin embargo, la causa más probable habría sido la existencia de un conflicto ético entre la colaboración y la resistencia a los nazis. Muchas de sus imágenes plantean el interrogante de si el fotógrafo pudo estar más cerca de esa clase privilegiada de lo que él estaba dispuesto a reconocer.

Ahora bien, Ross no trató de ocultar sus imágenes más personales indefinidamente; mantuvo y conservó su archivo y, antes de morir, lo preparó y catalogó para que las futuras generaciones pudieran desentrañar su misterio.

La exposición incluye una selección de ciento sesenta fotografías de la colección de Ross. Son imágenes de gran valor documental que nos hablan de la vida cotidiana de sus habitantes. De cómo estos hombres, mujeres y niños viven dignamente en este contexto opresor.

 

Fundación Municipal de Cultura
Sala Municipal de Exposiciones San Benito, Valladolid (España)
Comisario: Thomas Weber
Finaliza el 16 de noviembre
www.fmcva.org - e-mail: exposiciones@fmcva.org


 

Imágenes cedidas por la Sala Municipal de Exposiciones San Benito

 

 

 
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