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| 05/02/2012 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Eugenia Rico, una escritora joven ![]()
Eugenia Rico (Oviedo, 1972) estudió Derecho y Relaciones Internacionales en Oviedo, Toulouse y Bruselas, así como Arte Dramático y Guión de Cine y Dramaturgia el International Writers' Circle, bajo la dirección de Fernando Trueba antes de dedicarse de lleno a la literatura. Descendiente de allandeses, Eugenia Rico quiso ser escritora desde los cinco años. A los once años publicó su primer cuento en el Diario Región, posteriormente fundó la revista Multiversidad, con el objetivo de animar la vida cultural de la Universidad Ovetense. Viajó por Argentina y la India y residió en diferentes países hasta que en 2000 publica su primera novela Los amantes tristes. La novela obtuvo un reconocimiento unánime de la crítica y fue traducida a varios idiomas. Julio Llamazares dijo de ella "que era la mejor prueba de que sí hay buenos escritores jóvenes en España" y fue escogida entre las mejores primeras novelas del año 2000 por la revista Leer, el Cultural de el diario El Mundo y El Periódico de Catalunya. A partir de ese momento es colaboradora habitual de la prensa y de diversas revistas, especializadas sobre todo en temas de Viajes y Solidaridad. Entre sus principales colaboraciones en medios de comunicación destaca la del programa de radio Lágrimas de Cocodrilo, dirigido por el ex reportero de Caiga quien caiga Mario Caballero, emitido durante el verano de 2004 donde entrevistaba a conocidos escritores y otras personalidades del panorama cultural español. Su siguiente trabajo, la novela La muerte blanca, le reporta el Premio Azorín en 2002 y fue considerada una de las mejores novelas del año por El Cultural. En 2003 fue una de las escritoras invitadas al Transcantábrico Cultural, experiencia convertida en el libro Sobre raíles. Sus relatos están incluidos en antologías temáticas como Muelles de Madrid, Que la vida iba en serio o La Paz y la Palabra. Al año siguiente disfrutó de la Beca Valle Inclán de la Academia de España en Roma, otorgada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, y uno de sus reportajes solidarios obtuvo en 2006 el Premio de Unicef al mejor artículo del año. Sus poemas han sido incluidos en la Antología de Poesía Femenina del S.XX: Mujeres de Carne y verso. Para Eugenia Rico los autores escriben “para hacerse eternos, incluso leemos para detener el tiempo. Todos tenemos la experiencia de haber querido volver atrás para cambiar algún hecho del pasado, y la única máquina del tiempo que conozco que funciona es la literatura, una máquina de palabras.” “El deber del escritor, en opinión de la escritora, es hablar de las cosas importantes, de las cosas que importan. Y creo que hoy hay gente que habla de las cosas que venden. El deber del escritor es no pensar en eso, sino en lo que importa. Hoy se cambia lo importante por lo urgente. El escritor no tiene que pensar en vender o no vender, eso vendrá por añadidura. Tiene que hablar de lo que le importa de verdad, que es lo que les importa a los demás. Lo más importante para el hombre, de siempre, es la inmortalidad. Olvidamos continuamente que no se bebe dos veces el mismo vino, y que las pequeñas cosas de cada día encierran la felicidad porque son irrepetibles”. El libro, por parte de un lector ideal, tiene dos lecturas. Una, de un tirón, porque el texto te lleva; y otra después, en que vas saboreando los párrafos. Pero el escritor no tiene que decirle al lector cómo leer. Yo he intentado un modo de escribir en el que el silencio tenga el mismo valor que en la música, de modo que el lector rellene el silencio con sus imágenes y que el libro sea único para cada lector. Ése es el valor de los libros, conseguir que cada lector llegue a ser el director de la película. Todos los géneros son el mismo, igual que sólo hay un arte. Todos los géneros intentan comunicar algo así como un momento de revelación, una epifanía, en la que, de repente, en una página se le abre al lector un mundo nuevo. Es evidente que las técnicas son distintas, pero lo que buscan es llegar a ese resultado, a encontrar en lo cotidiano elementos de deslumbramiento. Uno es siempre uno y siempre hay vasos comunicantes entre todo lo que hace. Siempre se juega con lo que pudo haber sido, con lo que es real y lo que es irreal. La novela habla de las cosas que pudieron ser y no han sido, y de las cosas que han sido y debieron ser de otro modo. La ambigüedad, la sugerencia, ése es el terreno de la novela. A la literatura le conviene la tierra de nadie, el no estar nunca muy seguros de nada; la literatura no está hecha de certidumbres, sino de incertidumbres. Si estuviera muy segura no haría una novela. Nunca se ha escrito tanto y tan bien como ahora. Lo que pasa es que hay gente que escribe bien y no tiene nada que decir. Se escribe mucho y se publica mucho. Pero Muñoz Molina empezó a publicar a los veinte o veintiún años. Luego hubo años malos. Rafael Sánchez Ferlosio publicó Alfanhuí con veinticinco años, y Carmen Martín Gaite, El balneario a una edad parecida; o sea que... Nada nuevo bajo el sol. A mí me pilló en medio, cuando yo empecé ya había pasado la moda. En cualquier caso, yo no hago literatura de joven. No me beneficié del fenómeno de la juventud. Se puede aprender a leer. Por otra parte, en todas las épocas ha habido tertulias literarias; ahora, un buen taller es una manera de encontrar a la gente que antes encontrabas en las tertulias. Los talleres te enseñan una técnica y claro que aprendes cosas. Hay muy buenos profesores y yo he aprendido mucho de alguno.
Fundación Caja Castellón Ciclo Condición Literal Conferencia: Eugenia Rico. Un sitio en la palabra: laas afueras y el centro Imágenes:
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