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| 23/05/2012 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Joan Miró ![]() “Càntic al sol” Del 29 de mayo al 24 de septiembre
oan Miró ilustró en 1975 el poema de Francisco de Asís, Càntic del sol, traducido al catalán por Josep Carner, en volumen editado por Gustavo Gili que contenía 35 imágenes. El poema de Francisco de Asís y la pintura del artista catalán mantienen una estrecha afinidad, ambos proclaman la solemne humildad de las cosas de la tierra, del agua y del fuego, del sol, la luna, de los árboles y las plantas todas; ambos, en mundos culturales y espirituales muy diferentes, nos ofrecen esa presencia y consistencia sin las cuales lo material y cotidiano parece superficial y anodino. El cántico eleva la voz de la poesía y de la pintura, no sólo en las imágenes que suscitó el poema de Francisco de Asís en 1975, también en las pinturas, esculturas y obras sobre papel que Miró había hecho y estaba haciendo entonces. La minuciosa representación de las criaturas más humildes y de los detalles mínimos había sido una de las constantes del arte mironiano desde 1917 y 1918. El canto del sol, pero también de las estrellas y del firmamento, de la luna, de la mujer y de los pájaros, de los huertos y de las acequias, de los prados, las flores y las hierbas no constituye un episodio en la evolución de Miró, son uno de los ejes fundamentales de su actividad creadora. El título de esta exposición, Càntic del sol, tiene su origen en el trabajo de Miró sobre el poema de Francisco de Asís, pero va más allá de esta creación singular y se refiere al fundamento mismo de su pintura. Càntic del sol reúne un conjunto relevante de pinturas, esculturas y obras sobre papel que se conservan en la Fundació Joan Miró de Barcelona, realizadas entre 1965 y 1978. En los primeros años sesenta, Joan Miró introdujo cambios sustanciales en su pintura, que se hizo más abstracta y, por decirlo así, más ascética. El propio artista se ha referido a la profunda tensión intelectual que está en el origen de esos cambios e incluso a la decisión de no continuar pintando. Felizmente, esa decisión no llegó a cumplirse nunca y las obras inmediatamente posteriores no hicieron sino confirmar la potencia de su capacidad creadora. Volvieron a aparecer algunos de los signos y motivos que habían sido consustanciales a su obra anterior, pero nunca olvidó aquella tensión y aquel desprendimiento. Su obra se hizo más rigurosa y penetrante, también más consciente de sí misma, como si el artista tuviera en mente lo limitado del tiempo que todavía le quedaba y necesitara meditar sobre lo que hasta entonces había hecho. Fruto de esta reflexión son algunas de las obras maestras que se pueden contemplar en esta exposición: Mujer III (1965), El primer rayo del día II (1966), Mujer y pájaros en la noche (1968), Mujer delante de la luna (1974), sin olvidar aquella serie de personajes y cabezas en las que le temor se viste con un traje irónico, cuando no claramente sarcástico, o las que, como Mujer, pájaro, estrella y Personajes, pájaros, estrella, ambas de 1978, nos ofrecen una visión tan lírica como lúdica de la realidad. Si algo distingue la poética de Joan Miró es su capacidad para contemplar la diversidad y animarla, para representar la variedad infinita de las cosas y las infinitas posibilidades de su representación. Su mirada descubre, como por casualidad, como sin querer, todo lo que hay de familiar y nuestro en las cosas que vemos, en el cielo y en la tierra, en las montañas y en los campos, en los otros que somos y que nos acompañan. Esta exposición aspira a ofrecer una medida de esa capacidad de mirar y descubrir, alentando nuestra propia mirada y nuestra propia capacidad de asombro. La muesta reúne un conjunto de 110 obras, de ellas 30 son pinturas, 35 esculturas, 13 grabados y un libro (Càntic del sol) que contiene 33 grabados más. Su primer gran éxito expositivo data de 1925, con la galería Pierre de París. En 1929 se casa con Pilar Juncosa en Mallorca, y en 1931 nacerá su hija Dolores. Es en esta fecha cuando realiza su primera exposición de esculturas-objeto, influido por el círculo surrealista parisino. El conocimiento y amistad que traba con el grupo surrealista no impide que Miró elabore un mundo mágico propio, cargado de símbolos, que le aleja de similitudes con ellos salvo en el sistema utilizado, el automatismo. En 1932 vuelve a Barcelona y en 1933 realiza sus primeros aguafuertes. Con el inicio de la guerra civil española vuelve a París. En 1940 comienza la serie de las Constelaciones, que terminará un año después, cuando vuelve a Mallorca con motivo de la invasión alemana. Es en 1941 también cuando el Moma le dedica su primera gran retrospectiva. Desde 1944 comienza su colaboración con el ceramista Llorens Artigas. En 1956 se instala definitivamente en Mallorca, en el estudio que le diseña su amigo el arquitecto Sert. Los formatos comienzan a agrandarse y Miró trabajará sin descanso, siempre con el color y el signo como protagonistas absolutos de sus obras, buscando la síntesis, la esencia y reelaborando sus temas de siempre: la mujer, los astros, los pájaros. En 1964 se inaugura la Fundación Maeght, que cuenta con una de las mayores colecciones del artista. Desde 1966, su interés por la escultura le lleva a fundir obras en bronce, donde las piezas, compuestas de objetos cotidianos convertidos en metáforas, ya no tienen restricciones de escala. En 1976 se inaugura oficialmente la Fundació Joan Miró de Barcelona, a la que el artista dona un fondo de unos cinco mil dibujos. Joan Miró muere en Palma de Mallorca el 25 de diciembre de 1983. Su antiguo estudio, junto con la casa de Son Boter y el edificio nuevo proyectado por Moneo, son hoy día la Fundació Pilar i Joan Miró, constituida en 1980, todavía en vida del artista.
Fotografía: Mujer con sombrero bonito, estrella,1978
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