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  23/05/2012
 

 Llevar el conocimiento con levedad

 

(Estación de migración al Norte de Tayeb Salih)

María Donapetry

 

S

on pocas las veces en que un libro de ficción aclara una incógnita sin tratar de resolver ningún problema, simplemente exponiendo los entresijos de ciertas existencias a través de los cuerpos y las voces de unos personajes. Tal es el caso de la novela Estación de migración al Norte del escritor sudanés Tayeb Salih (Sudán, 1929). Aunque se considera esta novela la más importante en árabe del siglo XX, y me consta que se ha traducido a más de veinte idiomas, no he podido dar con una versión en español, pero tiene o tendría que haberla.

La novela se publicó por primera vez en árabe en septiembre de 1966, precisamente cuando cayó el gobierno militar del general Ibrahim Abboud en Sudán y el país vivía momentos de liberación política e intelectual. Dos grupos, sin embargo, los comunistas y los islamistas, se apresuraron a condenar la novela porque no se ajustaba a las líneas de ningún partido ni de ningún nacionalismo radical y porque el escritor había vivido y trabajado en Europa. Desde entonces ha sido prohibida intermitentemente en varios países africanos y del Oriente Medio y publicada una y otra vez en los que no estaba prohibida.

Son dos los personajes que acaparan la atención de la narración, ambos hombres sudaneses, que han pasado unos cuantos años en Inglaterra, vuelven a su país de origen y los dos coinciden en un pueblo a orillas del Nilo. El narrador nos cuenta el regreso a su tierra y a su gente con satisfacción. Según él mismo dice: “Como había pensado tanto en ellos durante mi ausencia, había una especie de niebla que se interponía entre ellos y yo la primera vez que los vi. Pero la niebla se disipó y me desperté, al segundo día de mi llegada, en mi cama de siempre en la habitación cuyas paredes habían presenciado los incidentes triviales de mi vida en la niñez y en los principios de la adolescencia”. El narrador vuelve a lo familiar y se siente acogido, pero también vuelve habiendo conocido y aprendido otras maneras de vivir y de pensar. El otro hombre que ha vuelto a Sudán y a vivir al mismo pueblo, Mustafa Sa’eed,  migró al norte, a Inglaterra, pero su experiencia no podía ser más distinta. Mustafa le cuenta al narrador sus experiencias en el Norte y el narrador nos transmite todo ello incorporando sus propias reacciones al relato de Mustafa. En estos dos hilos narrativos es precisamente donde se va aclarando qué significa ser africano en Europa, cómo pueden ver los colonizados a sus colonizadores y adónde lleva la condescendencia indiscriminada por cualquiera de las dos partes.

Si esta novela nos hablara únicamente de dos individuos que no representan otra cosa que a sí mismos y sus circunstancias, los lectores tendríamos la satisfacción que siempre da la novela bien escrita, con un lenguaje poético que no se limita a describir realidades más o menos remotas sino que también sugiere ambientes sociales, políticos, climas y geografías que tienen mucho que ver con cómo viven y piensan las gentes que los habitan. Se suele despreciar lo que no se comprende o lo que tozudamente se ignora, y Estación de migración al Norte ofrece una oportunidad excepcional de conocimiento y de reflexión. Sin embargo mi propio entusiasmo con la novela de Salih viene también de las posibilidades de extrapolar lo que cuenta y cómo lo cuenta de las relaciones entre africanos y europeos (británicos concretamente) a muchas otras: europeos mediterráneos y norteños, norteamericanos y latinoamericanos, latinoamericanos y españoles, y muchos otros binomios compuestos por un “uno” y un “otro” que históricamente sólo han sabido relacionarse en base a estereotipos que justifican la explotación y el desprecio.

En el relato de Mustafa se manifiesta la paradoja del hombre negro exotizado. Mustafa se ha valido de su inteligencia y su capacidad para el estudio para llegar a obtener una beca importante en Inglaterra. Una vez allí, se da perfecta cuenta de lo bien que puede explotar el estereotipo que se le adjudica: exótico, hiper-sexual, continente oscuro que promete sensaciones inusitadas. Seduce a las mujeres inglesas a base de jugar el papel que se le ha adjudicado de antemano. Para ellas la conquista supone el conocimiento del placer prohibido, para él la seducción supone subyugar hasta la destrucción, reificar y deshumanizar a la mujer blanca. Hasta que una, Jean Morris, le deshumaniza a él. En su carrera académica Mustafa también explota al explotador de manera absolutamente cínica. Los europeos que le dan trabajo y publican sus escritos no sólo lo hacen porque sea un hombre inteligente, sino porque es un hombre inteligente negro. El beneficio que estos académicos obtienen es el de mostrar su generosidad y su espíritu liberal. En todas y cada una de sus interacciones con los ingleses Mustafa le da una vuelta de tuerca más a los estereotipos. No llega a aprender nada de ellos sino a manipularlos para solidificar sus propios prejuicios. Sólo cuando Mustafa vuelve a su país se da cuenta de lo que ha derrochado, del daño que ha hecho y que se ha hecho a sí mismo. Su relato emponzoña al narrador que, como el propio Mustafa, se sumerge en el Nilo para desaparecer. Pero en el último momento escoge vivir y contarnos la historia.

Para quien, como yo, leer Estación de migración al Norte sea una de las primeras o la única experiencia con literatura árabe contemporánea, la gratificación será inmediata a pesar de no tener acceso a la lengua original. El enigma de Mustafa atrae, intriga y, como al narrador, a veces desespera pero nunca cansa. Las figuras literarias aplicadas tanto a las tierras del Nilo como a las del Támesis nos acercan a una manera de escribir seductora aunque los conceptos giren en torno a las disonancias más crueles entre seres humanos.

Hace unas semanas tuve la suerte de conocer a Tayeb Salih en persona. Había venido a Oxford a participar en un seminario sobre poscolonialismo donde leyó parte de su novela. Antes de empezar su lectura, agradeció la presencia de quienes estábamos en la sala. Reconoció también lo que le incomodaba normalmente leer su trabajo en ambientes de tanto conocimiento. Tuvo la gentileza de añadir que en esa ocasión, sin embargo, se sentía perfectamente tranquilo ya que las caras que veía parecían llevar su conocimiento con levedad. Fuera ironía o genuina modestia, sus palabras eran algo a lo que aspirar.
  

md004747@pomona.edu

Fotografías originales:
redbarnet.dk
act-intl.org/sudan/images/

 

 

 
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