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| 23/07/2008 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Joan Brossa ![]() Juegos y senderos
Comenzó a escribir ocasionalmente durante la guerra civil española, pero fue mientras hacía el servicio militar en Salamanca cuando se lanzó a la experiencia de escribir imágenes hipnagógicas. Ya en Barcelona, conoció a J.V. Foix en el año 1941 y, después, a Joan Miró y Joan Prats. Gracias a los consejos de éstos, sus primeros libros, La bola i l'escarabat (1941-43) o Fogall de sonets (1943-48), ganaron en elaboración y retórica, sin renunciar a las técnicas más estrictamente surrealistas. En la misma línea neosurrealista, escribió Romancets del Dragolí (1948) y comenzó su trayectoria teatral, seguramente por la necesidad de introducir acción y movimiento a los poemas. En el año 1947 participó en la realización de la revista Algol, germen de lo que sería Dau al Set, los fundadores de la cual fueron Joan Brossa, Antoni Tàpies, Modest Cuixart, Joan Ponç, Arnau Puig y Joan Josep Tharrats. Durante esta época también escribió prosas como la recopilación Proses de Carnaval (1949) o la pseudonovela Carnaval escampat o la invasió desfeta (1949). A partir del año 1950, la poesía de Brossa experimentó un giro hacia el compromiso social, en parte gracias al encuentro con el poeta brasileño Joâo Cabral de Melo. Em va fer Joan Brossa de 1950 representa una ruptura formal y temática profunda (la realidad retratada con un lenguaje prosaico). Este interés político-social también lo manifestó Brossa en odas, sonetos y obras de teatro de una estructura más tradicional (Des d'un got d'aigua fins al petroli -1950-, Catalunya i selva -1953- o El pedestal són les sabates -1955-, entre los libros de poesía, y Cortina de muralles -1951-, Els beneficis de la nació -1958- o Or i sal -1959-, entre los de teatro). Pero, al lado, hubo un interés conceptual, que se desarrolló especialmente a partir de los años sesenta (Poemes civils -1960-, El saltamartí -1963-, etc.). Además, paralelamente, inició experiencias de poesía visual y objetual, que lo condujeron hacia el mundo de la plástica. Sus colaboraciones con artistas son abundantes: El pa a la barca (1963), Novel·la (1965), Frègoli (1965) , etc., con Antoni Tàpies; Oda a Joan Miró (1973) y Tres Joans (1978), con Joan Miró; Cartipàs (1974) y La cabaleta (1974) con Moisès Villèlia; Tal i tant (1983), con Frederic Amat; El bosc a casa (1990) con Perejaume; Brossa i Chillida a peu pel llibre (1995), con Eduardo Chillida, etc.
Además, sus piezas han llegado a la calle mediante los denominados poemas corpóreos, como el Poema visual transitable al Velòdrom de la Vall d'Hebron (1984) o Bàrcino, en la plaza de la catedral (1994), ambos en Barcelona, entre muchos otros. De todas maneras, la dedicación a la plástica no interrumpió su producción literaria. Paralelamente a los poemas escénicos, visuales y objetos, Brossa no dejó de practicar el poema corto de carácter lúdico, breve y sorprendente (Els entra-i-surts del poeta. Roda de llibres 1969-75).Y en la década de los setenta comenzó a desarrollar un nuevo género poético, la sextina, forma medieval con la que experimentó hasta los límites (sus libros de sextinas están recogidos en Viatge per la sextina 1987). En sus últimos libros, se constata una contenida y emotiva reflexión sobre la vida y la muerte, llena de digresiones y serenidad (Passat festes 1995, La clau a la boca 1997, Sumari astral, 1999). Recibió diferentes premios o reconocimientos (Premio Ciudad de Barcelona, 1987; Medalla Picasso de la Unesco, 1988; Premio Nacional de Artes Plásticas, 1992; Premio Nacional de Teatro de la Generalitat de Catalunya, 1998, etc.).
Joan Brossa comenzó escribiendo imágenes hipnagógicas (a partir de visiones surgidas del inconsciente) durante el período inmediatamente posterior a la guerra civil española. La relación y los consejos de J.V. Foix lo llevaron a encajar estas imágenes en la estructura del soneto. Esta forma, iniciada en el año 1941, será una de las estrofas tradicionales más practicadas por Brossa, junto con la oda sáfica (que comenzó a escribir en 1950) y la sextina (forma más tardía que Brossa ensayará a partir de 1976). La producción de formas tradicionales de Joan Brossa es extensísima. Entre los libros más emblemáticos destacan Fogall de sonets (1943-48), Romancets del Dragolí (1948), El pedestal són les sabates (1955), Els ulls de l'òliba (1974), Sextines 76 (1976) o Furgó de cua (1989-91). Por otro lado, en el año 1950 la producción literaria de Brossa dio un giro importante. Gracias a las conversaciones con Joâo Cabral de Melo, poeta brasileño que entonces estaba en Barcelona, su poesía se volvió más comprometida y más próxima a la realidad de la calle. Entre los libros más significativos de esta manera de hacer figuran Em va fer Joan Brossa (1950), Poemes civils (1960), la serie Els entra-i-surts del poeta. Roda de llibres (1969-75) o Passat festes (1993-95). Finalmente, habría que indicar que Brossa también practicó la prosa, tanto en textos creativos de ficción como U no és ningú (1950), como en textos de circunstancias (presentaciones de exposiciones, prólogos de libros, textos para espectáculos, etc.) o de opinión. Especialmente representativos de esta última vertiente son las recopilaciones Vivàrium (1972) y Anafil (1987). Hasta el momento no se ha publicado ningún volumen de la obra completa de Joan Brossa, pero varios volúmenes de selección de libros realizados por el mismo poeta han contribuido a la divulgación de las diversas maneras de hacer poesía del poeta catalán: Poesia Rasa (1970), Poemes de seny i cabell (1977), Rua de llibres (1980), Ball de sang (1982) y Viatge per la sextina (1987). Artes visuales Toda la poesía de Brossa está llena de referencias a la visualidad. Quizá por eso Brossa se introdujo también en el mundo de la plástica. Desde sus inicios (1941) realizó poemas experimentales de tipo caligramático. De 1943 es el primer objeto, Escorça, verdadero objet trouvé. Y de 1951 es el primer objeto realizado expresamente, a partir de la asociación de dos realidades distantes (en este caso un martillo y una carta compuesta por otras dos). Pero es a partir de 1959 cuando el poeta intensificó sus investigaciones visuales con las Suites de poesía visual. En estas frágiles composiciones estará ya el germen de muchos de los futuros poemas visuales. Durante la década de los sesenta y, más concretamente, durante los setenta, se concebirán, y se editarán posteriormente, los poemas visuales y objetos brossianos más conocidos. Su temática será la misma de los poemas: denuncia sociopolítica, reflexión sobre el significado de las palabras y las cosas, juegos sorprendentes, etc. Pero el material ya no serán únicamente las palabras, sino las letras y otros elementos amados por Brossa como Fregoli, el carnaval, los juegos de manos, etc.
Asimismo la disparidad de intereses del poeta y sus amplios contactos lo llevaron a la confección de carteles, terreno en el que Brossa se ha convertido en un referente indiscutible (catálogo Brossa. Cartells 1975-1999).
En conjunto, la poesía escénica brossiana se caracteriza por la ruptura de convenciones y géneros, a fin de encontrar nuevas posibilidades poéticas a la acción. Su producción teatral empezó en 1944. Las primeras obras son muy experimentales. Se trata de piezas en un solo acto, sumamente breves, como la paradigmática Sord-mut de 1947, que consiste únicamente en una subida y bajada de telón. A partir de 1950 y hasta 1962 las obras se volvieron temáticas, más comprometidas con la realidad y de forma más tradicional (tres actos), como Cortina de muralles de 1951, Or i sal de 1959 o Calç i rajoles de 1963. Paralelamente comenzó a hacer incursiones en géneros considerados parateatrales, como el conjunto de ballets Normes de mascarada de 1948-50, donde rompía con el género del ballet, con acciones sorprendentes. De carácter similar son las acciones espectáculo reunidas bajo el título Postteatre (1947-62) o el conjunto de ballets y acciones espectáculo Troupe (1964). Durante los años sesenta, el poeta se entregó de lleno a éstos y a otros géneros casi de cabaret: monólogos de transformación, strip-teases, teatro irregular y acciones musicales. Esta parte del teatro brossiano, rupturista y adelantada a su tiempo, fue paralela a su poesía más sintética y visual y recibió el apoyo del público durante los años setenta, lo cual ocultó su otra faceta de poeta escénico, no descubierta por el gran público hasta los años ochenta y noventa. Otra vertiente cultivada por Brossa fue el guión de cine. Los escribió desde muy pronto. Gart y Foc al càntir de 1948 de 1948 son una buena muestra de ello. Además, durante los años sesenta y setenta, colaboró con Pere Portabella en películas como No compteu amb els dits, Nocturn 29, Umbracle o Cua de cuc. La obra teatral de Joan Brossa está casi totalmente reunida en los seis volúmenes de Poesia escènica, publicados entre 1973 y 1983. Los dos primeros guiones de cine están publicados en Vivàrium (1972) y Alfabet desbaratat (1998). Continúa inédito el libreto de la ópera Cap de mirar (1991).
Fundación Municipal de Cultura, Valladolid (España) Imágenes cedidas por la Sala Municipal de Exposiciones Museo de la Pasión:
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