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  23/05/2012
 

 Esencias 11

Colección Ernesto Ventós de Arte Internacional


 

F

iel a la tradición familiar que ha unido a mi familia durante generaciones con el mundo de las fragancias nací rodeado de bidones desordenados de esencias que cargaban el ambiente de espliego, lavanda, menta y naranja, siendo estas últimas mis preferidas. Los veranos en el campo, en casa de mi abuela materna, llenan gran parte de mis primeras experiencias olfativas como el olor a tierra húmeda mezclada con el olor de los eucaliptos después de la lluvia, el aroma de las infusiones, el fuerte olor a naftalina que sólo aparecía unos pocos días al año coincidiendo con el cambio de estación, el perfume a miel que desprendía el tabaco fumado en pipa, e incluso el olor desagradable del sótano donde se mezclaban los olores del papel de periódico humedecido con la madera y la ropa vieja, sin olvidar el olor a estiércol con su especial capacidad para potenciar cualquier otro olor. Éstas son sin duda mis primeras experiencias olfativas aunque mi aprendizaje propiamente dicho empieza trabajando al lado de mi padre sobre todo, siendo ayudante del maestro Arturo Jordi durante tres años en Suiza y Francia.

Me familiaricé con las diferentes esencias y sus características y ejercité la memoria de mi nariz. El estudio de los numerosos componentes fue necesario para saber crear fórmulas y aplicarlas a los distintos productos. Fue un aprendizaje (una iniciación) intenso que se ha ido moldeando y perfeccionando con la experiencia diaria del proceso lento y reflexivo indispensable en la concepción de nuevos perfumes, siendo siempre consciente de que cuando tengo una idea nueva la elaboración de su fórmula me va a costar muchos meses de trabajo hasta que esté perfectamente confeccionada y sin embargo la vida de la misma va a ser relativamente corta. A lo largo de un año, por ejemplo, puedo hacer unas diez o veinte fórmulas de las cuales es muy posible que solamente una o dos resulten interesantes mientras que las restantes, si no se venden, a muy corto plazo pierden su valor. Crear un perfume requiere tiempo e investigación, como también lo requiere la realización de una obra plástica aunque, a diferencia de ésta, en la mayoría de los casos el creador trabaja ofreciendo sus servicios a un cliente que determina las características esenciales del aroma, el mercado, el público que lo consume, sus gustos, su procedencia social, su nivel cultural, las modas y el clima son factores a tener muy en cuenta en cada proceso de creación.

Al nacer todos los sentidos físicos comienzan a actuar, torpemente al principio debido al desconocimiento de los estímulos que los incitan a activarse pero aún siendo así,  es muy probable que lo primero que se aprende a distinguir en la vida es el olor de la madre, de la comida, de la casa, y aunque no sea muy apreciable es casi seguro que nos guiamos por el sentido del olfato para ir descubriendo el mundo que nos rodea. La percepción olfativa es una de las bazas más importantes con las que contamos para nuestro desarrollo.

Todo huele, y así como podemos neutralizar la acción de respuesta de cualquiera de los otros sentidos, por ejemplo cerrando los ojos, o cerrando la boca, o poniéndonos tapones en los oídos o, simplemente, metiendo las manos en los bolsillos, es absolutamente imposible cerrarnos al olor ya que nos ahogaríamos. Por eso, cuando somos niños, nos es más fácil describir lo percibido por cualquier otro sentido, precisamente porque podemos ejercer nuestro control sobre el mismo, que lo que nos llega a través del olfato, que es inevitable. Los humanos desde que nacemos nos cargamos de experiencias vividas, de memoria, de saber y a medida que nos formamos en sociedad nos vamos aromatizando de connotaciones religiosas, técnicas, políticas, literarias. Percibimos el mundo físico casi sin esfuerzo, y es para adquirir una visión especializada cuando se hace indispensable un cierto aprendizaje.

El olor es una percepción del mundo que nos rodea. Todo en la vida evoca siempre un olor, pero un olor “mental”. El olor está implícito en el acto de respirar y si no respiramos morimos, así que continuamente estamos oliendo aunque, la mayor parte de las veces no sea una acción consciente. Sin darnos cuenta utilizamos distintos tópicos para expresar una realidad inconsciente provocada en su origen por una sensación olfativa. Mi propuesta es hacer consciente todo este proceso para un mayor enriquecimiento de la propia vida.

El aprendizaje del olor es básico para lograr las claves del código perfumístico pero es la condensación de una experiencia de más de cuarenta años la que asegura que no sólo es necesario el estudio de la mecánica y la técnica sino que éstas deben ir acompañadas de un gran caudal de amor al oficio. Hago hincapié en lo del amor al oficio porque es lo que nos permitirá dotar de alma a nuestras creaciones. Un perfume o un aroma sin alma nunca será una obra totalmente lograda.

Del mismo modo que el artista, el perfumista también tiene un amplio abanico de elementos a conjugar para sus creaciones. El pintor, por ejemplo, sabe que los lenguajes pictóricos se desarrollan partiendo de la experimentación científica y artística de las cualidades visuales propias del color. El color es un elemento de expresión importante y su poder y simbología es bien sabido entre los profesionales.

El color rojo, por ejemplo, en seguida sugiere pasión, amor, crimen, por lo que es utilizado en perfumería para caracterizar colonias serias y perfumes sofisticados. El azul, ciertamente, es relajante, denota dulzura, frescor, alegría, nobleza, y es el color típico de las fragancias marinas. El verde, asociado el brote vegetal, es un color común entre los champús y productos de limpieza, al simbolizar naturaleza, vida y crecimiento se une a las colonias juveniles de componentes naturales. Romanticismo, sabiduría, pureza, limpieza, acompañan siempre al blanco, color normalmente utilizado en los productos de belleza e higiene. El negro, cargado de simbolismo, se relaciona a  la perfumería alcohólica y el amarillo, como último ejemplo, es el sol, la luz, la juventud. Las colonias familiares suelen ser de este tono, y su variante, el dorado, simboliza poder y lujo. El concepto del color viene a la mente sin limitación, pero su utilización le atribuye forzosamente unos límites, una forma, por muy grande o pequeña que sea. La conjunción de las formas y los colores, con sus dinámicas respectivas, compone una reserva ilimitada de combinaciones plásticas.

En 1978 la Fundació Joan Miró celebró la exposición Suggestions olfactives en la que participaron varios perfumistas. El tema era muy variado y tenía como protagonista el olor. En esta exposición se podían encontrar toda clase de artilugios que al accionarlos despedían cierto olor. La exposición, no obstante, no mostraba ninguna obra plástica relacionada con el tema, y esto me proporcionó la idea interesante y novedosa de exponer cuadros sobre olores. A partir de aquí decidí iniciar un proyecto de colección que tendría como objetivo unir mis dos pasiones: por un lado, la herencia familiar de perfumista y por otro, mi afición a las artes plásticas.

Desde el principio ha sido una colección creada por encargo, es decir, yo encargaba a un artista contemporáneo una obra que tuviera relación con el olor. Escribí varias cartas a pintores y escultores para proponerles la idea pero debido a la pobre respuesta desistí. Posteriormente lo intenté de nuevo hablando con algunas galerías pero el resultado fue el mismo. No fue hasta que contacté y establecí amistad con los mismos artistas que compartieron y aceptaron mi proyecto y empezaron así a pintar y esculpir obras sobre el olor.

El arte pictórico en su finalidad no pretende agradar sino conmover, aunque como sugiere Rancillac, si se quiere profundizar en él, el aprendizaje de los criterios de apreciación del mismo es básico. Un componente importante en muchas obras pictóricas es el dibujo que mediante la línea denota el carácter del artista, como la mezcla de esencias y su proporción dotan de carácter singular a cada perfume. Los trazos del artista tienen un gran valor expresivo, son una entidad viva, con su plenitud y su soltura, su concentrado o diluido expresan a la vez forma y color, el volumen y el movimiento, pudiéndose juzgar por sus cualidades intrínsecas la elegancia de una línea, su sensibilidad, su carácter agresivo, sensible, seco, tímido, sensual, etc., cualidades curiosamente también apreciables en los perfumes. Es esta interrelación entre el mundo del arte y la perfumería lo que me aventura en muchas ocasiones a interpretar una obra de arte según los criterios de apreciación del perfume. "..."

La vida y el arte unidos a través del olfato superan las limitaciones individuales y crean una forma de comunicación novedosa y eficaz, expresando en ese lenguaje en código que es el arte, un proceso de gran desarrollo imaginativo y al mismo tiempo intelectual que interpreta plásticamente la inhalación del mundo exterior de una manera consciente.

Ernesto Ventós

 

Artistas de la exposición

 

Sala Municipal de Exposiciones del Museo de la Pasión, Valladolid (España)

Comisario: Ernesto Ventós

Coordinadora: Alicia Ventura

Coordinación de la exposición: Juan González-Posada M.

Finaliza el 19 de febrero

www.fmcva.org – e-mail: exposiciones@fmcva.org

 

 

 

Fotografías:

Christo, Wrapped flowers, 1966

Duane Michals, The Heisenberg Magic Mirror of Uncertainly, 1998

Zhang Huan, Acerca de ½, 1998

 

 

 

 
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