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  03/09/2010
 

 Bajo la línea del agua


 © María Donapetry

 

En

español decimos “siete vidas tiene el gato”, mientras que en inglés dicen “nueve vidas tiene el gato”; mientras sean cifras míticas, el número no parece importar, ya que se trata de representar algo único, algo realmente extraordinario. Y eso es lo que Nine Lives (Nueve vidas) consigue: contar con imágenes en movimiento y sonido algo tan reconocible como momentos de las vidas de nueve mujeres incitándonos a adivinar el pasado que ha conformado ese momento del que somos testigos. El título no menciona ningún gato, pero en el cartel publicitario es el único ser vivo que aparece.  Nunca le dan el Oscar a una película inusitada, tipo iceberg, en la que el público tenga que esforzarse por averiguar y presentir qué hay bajo la línea del agua, así que doy por sentado que este año no se lo darán a Nine Lives de Rodrigo García por mucho que esté poblada con actrices y actores norteamericanos de talla indiscutible como Sissi Spacek, Glenn Close, Joe Mantegna, Holly Hunter, Robin Wright-Penn, Miguel Sandoval, etc., o por mucho que me haya parecido la mejor película que he visto en mucho tiempo.

Rodrigo García, director y guionista, es hijo de Gabriel García Márquez y, aunque no creo que el talento artístico sea hereditario, no puedo dejar de pensar que algunos aspectos creativos del padre, aun no teniendo nada que ver con el DNA, se han colado en la obra del hijo como por ósmosis: la habilidad de dar a entender toda una relación entre personas con una sola frase, por ejemplo; o de hacer que quien lee o quien mira identifique las emociones más complicadas y contradictorias con un solo gesto de un personaje. A esto me refiero cuando digo que Nine Lives es una película tipo iceberg: sólo vemos y oímos lo que los personajes de cada vida se dicen y hacen en unos minutos. Querríamos saber más, que nos explicaran más pero presentimos perfectamente que lo que no vemos ni oímos es de una magnitud inabarcable en cualquier narración.

Las nueve “vidas” del título se suceden de manera episódica y en tomas ininterrumpidas a lo largo de la película. Entre una y otra hay un corte abrupto y segundos de espera. Todas tienen en común que ocurren en Los Ángeles, esta ciudad masiva y sin límites claros dividida, a su vez, en mundos aparentemente inconexos, y que algunos personajes pasan de una historia a otra añadiendo otra dimensión a lo que ya creíamos saber de ellos. Podría describir las historias resumiendo lo que pasa en cada una: Sandra está en prisión y lo único que quiere es mantener el contacto con su hija pequeña, Diana se tropieza con un antiguo novio en un supermercado cuando ya ha rehecho su vida, Holly no puede o no sabe superar el daño que le hizo su padrastro, Sonia no puede perdonar la indiscreción de su novio, Samantha vive como intermediaria entre su padre paralítico y su madre, Lorna quiere consolar a su ex-marido que se ha quedado viudo después del suicidio de su segunda mujer, Ruth (madre de Samantha) intenta tener una relación extra-matrimonial, Camille se enfrenta con dificultad a su cáncer, y Maggie no es capaz de prescindir de su hija Maria; pero este resumen no dice nada de la película ni de cómo es. Hay que ver y oír a Holly pistola en mano apuntando a su padrastro un momento y apuntándose a sí misma inmediatamente después, o la cara de desesperación de Diana cuando, terminada la conversación con su ex-novio de manera lógica, se queda sola llamándole a la puerta del supermercado, o a Maggie dando por terminado el pic-nic con su hija y dejando un racimo de uvas en el lugar. He de reconocer que ser mujer y de cierta madurez ayuda a entender mejor alguno de los pasados tormentosos de cada una de las protagonistas o de los distintos desamores que aparecen y que no nos resultan del todo ajenos porque sabemos de ellos o los hemos vivido. Como dice el cartel que anuncia Nine Lives, “Cada vida tiene una historia y cada historia tiene su propia vida”. Reconocer e identificarse en mayor o menor medida con las vidas de cada historia que se nos cuenta es, sin duda, parte del disfrute que proporciona la película, pero aún más salir del cine y dejar que las historias continúen viviendo en o con nosotras.  

         

md004747@pomona.edu

Fotografías originales:
papellapiz.com
fotografiapractica.com

 

 

 
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