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  13/03/2010
 

 A Ua Crag

 

 

H

ace veinte años, en Aranda de Duero (Burgos, España), un grupo de artistas fundaba un centro de operaciones autogestionario e independiente para dar cauce a su trabajo artístico. El colectivo se daría a conocer con el nombre A Ua Crag, expresión irónica, inspirada por el chocante contrasentido de las palabras agua crujiente, cuya ingeniosa combinación pronosticaba la energía creativa con que el grupo transformaría un lugar, en el extrarradio del circuito del arte contemporáneo, en un foco ineludible de la escena artística del momento.

La experiencia, motivada por una toma de conciencia de los artistas sobre su situación periférica, se articulaba en torno a la necesidad de instrumentalizar una dinámica de grupo que sirviera para urdir una red propia de funcionamiento a fin de promover, canalizar y difundir el trabajo individual de sus integrantes. Esta motivación, esencialmente pragmática, distinguiría al colectivo arandino de otras experiencias del ámbito español que, en los años ochenta y noventa, ejercieron el activismo artístico desde el posicionamiento ideológico.

Forjar la puerta de emergencia en el entonces desestructurado y estancado medio artístico de Castilla y León (España), superaría con creces la confluencia de intereses con que varios artistas ocuparon una nave para compartir taller. La estrategia con la que A Ua Crag gestaría un modelo de organización artística, se concretó en el tiempo a través de una fecunda actividad creativa, investigadora, promotora y divulgadora del arte contemporáneo que no solo contribuyó a la proyección nacional e internacional del grupo, sino que avalaba además al colectivo para interactuar con los diversos agentes de la escena artística de entonces. El respeto hacia las prácticas individuales y el enriquecedor intercambio intelectual motivado por el debate interno contrastado y la confrontación plural de distintas maneras de hacer y de pensar, sentaron las bases para expandir el horizonte del proyecto.

La temprana puesta en marcha del Espacio-Galería gestionado por A Ua Crag y abierto a la participación de otros artistas se consolidaba como plataforma privilegiada para conocer las tendencias actuales. En 1988, el colectivo participaría por vez primera en ARCO, cita a la que acudieron durante tres años consecutivos de intensa actividad.

Entre 1990 y 1995, una serie de fructíferos intercambios, talleres e intervenciones del grupo tienen como escenario la Fábrica Moradillo de Aranda y diversos espacios expositivos y no convencionales del ámbito internacional. Estos proyectos de colaboración con artistas y colectivos franceses, belgas, holandeses y canadienses situarían la actividad de A Ua Crag en la vanguardia de las prácticas que reivindicaban la producción de proyectos específicos desde la perspectiva del contexto.

El conjunto elocuente de obras reunidas en la exposición Agua Crujiente sorprende por la calidad, la coherencia y la integridad del desempeño creativo que transmiten las distintas piezas. Los trabajos evidencian la libertad con que los artistas realizaron una obra personal y colectiva de una contundencia tal que ni el tiempo, que todo amenaza, ha hecho mella en ella. Como no podía ser de otra manera, la exposición respira el aire de la época en la que vieron la luz las propuestas, condensado también en la documentación, laboriosamente seleccionada para esta ocasión.

Documentar la ejemplar y productiva trayectoria, actividad, generosidad y el firme compromiso del colectivo arandino con el arte contemporáneo en sus diversos frentes y alcances, ha sido el objetivo de esta muestra, que pretende destacar la significativa contribución de A Ua Crag en nuestra historia artística reciente. Mi agradecimiento profundo a los artífices de este proyecto que han afrontado la dificultad de repensar su propia historia para hacernos partícipes de la insólita e irrepetible experiencia que protagonizaron hace veinte años.

Teresa Velázquez
Directora del Museo Patio Herreriano

Museo Patio Herreriano, Valladolid (España)

Finaliza el 18 de septiembre de 2005

 

Departamento de Comunicación y Desarrollo

comunicación@museoph.org
prensa@museoph.org
www.museopatioherreriano.org

 

Fotografías cedidas por el Museo Patio Herreriano

 

Textos acerca de la exposición

La presencia de A Ua Crag a lo largo de doce años en una ciudad como Aranda de Duero (España), cuyo crecimiento industrial no había tenido su paralelismo cultural, suponía un hito renovador, pero también solitario en un territorio todavía anclado en el pasado.

Naturalmente los componentes del grupo no pretendían alterar drásticamente la atmósfera cultural de la ciudad, pues ello hubiera resultado ingenuo. Su propuesta se sustentaba en el convencimiento de que, en la por entonces naciente era mediática, era posible trabajar desde lugares alejados de los centros neurálgicos de producción artística, algo que ciertamente habría resultado muy difícil con anterioridad, pero que ahora con la mejora cualitativa de los instrumentos de comunicación, tanto de personas como de información, parecía plausible. Dicho en otros términos, A Ua Crag atisbaba la inminente llegada de la sociedad global, tan negativa en tantos sentidos, pero favorecedora de los flujos comunicacionales, lo que le permitía cuestionar la dialéctica centro-periferia en los términos que había operado hasta entonces y, por extensión, la nacional-internacional. Y será precisamente a esa vertiente internacional a la que dedicará una parte substancial de sus esfuerzos.

La existencia de A Ua Crag es no sólo excepcional en el marco comunitario de Castilla y León (España), sino en el nacional; significa la presencia activa de un grupo artístico en el ámbito de la postmodernidad, fuera ya por tanto de los cauces de las neovanguardias.

Un grupo que se marcó objetivos notablemente más amplios que los de sus antecesores y por supuesto diferentes, ya que aunque el anquilosamiento había perpetuado los parámetros culturales en la meseta castellana, el tiempo histórico era otro y por tanto algunas reivindicaciones reiteradas en los manifiestos de los años cincuenta y sesenta resultaban ya innecesarias.

Javier Hernando Carrasco, Relaciones periféricas: la experiencia internacional de A Ua Crag, 2005. (Fragmento del texto del catálogo de la exposición)

Resulta realmente admirable comprobar, ahora, en la primavera del 2005, lo bien que suena esa definiciónColectivo de Acción Artística y Espacio Alternativo-, e incluso lo bien que suena el nombre de la noble ciudad burgalesa unido a un grupo de artistas de arte contemporáneo, ahora, que hasta las periferias geográficas han desaparecido, o por lo menos no son lo que eran hace veinte años. Para nada. Y en lo que respecta a lo de “espacio alternativo” diríamos exactamente lo mismo. ¿Quién no posee, trabaja, colabora o sueña, ahora mismo, con un espacio alternativo? De hecho, en el presente, son mayoría los “alternativos”, de seguir así esta opción de vida dentro de muy poco nada será más radical y alternativo que ser un inteligente burgués integrado.

Y esta ha de ser, precisamente, la primera causa reivindicativa de la importancia de A Ua Crag: Lograr una estructura de visibilidad social (no parece muy oportuno decir mediática en gestos y acciones artísticas de hace veinte años) de un colectivo de creación plástica contemporánea que tenía su base operativa, y razón social, en una pequeña ciudad castellana.

Luis Francisco Pérez, A Ua Crag, la melancolía de los virtuosos, 2005.
(Fragmento del texto del catálogo de la exposición)

 

 

 
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