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  23/07/2008
 

 Cuidados de la piel madura - I

 

La

piel, al ir envejeciendo, realiza cada vez con más dificultad sus funciones y su  regeneración. Se afina, pierde densidad, las fibras elásticas cada vez sujetan menos y se descuelgan; se apaga el color y aparecen manchas. Para que este proceso natural tarde más en llegar los laboratorios creadores de cremas de belleza intensifican sus estudios para ofrecer cremas potentes que actúen contra su envejecimiento.

La piel esta formada por dos capas principales: una capa exterior impermeable y delgada llamada epidermis, y una capa interior elástica y fribrosa llamada dermis. La dermis contiene miles de glándulas sudoríparas, glándulas sebáceas, tejido muscular, fibras nerviosas, vasos sanguíneos, células adiposas y pelos, cada uno incrustado en un folículo.

Contiene también un pigmento conocido como melanina, que la protege contra los efectos perjudiciales de los rayos ultravioletas. La cantidad de melanina en la piel viene determinada por el grupo étnico de la persona y por la exposición al sol.
 
Cada 10 años la piel pierde un 10% de sus melanocitos activos (las células encargadas de protegerla de los rayos del sol y activar su bronceado). Esto conlleva que la producción de melanina deja de ser homogénea, se acumula en zonas y desaparece en otras, lo que da la aparición de manchas oscuras o blancas.

El envejecimiento de la piel tiene lugar en el tejido conectivo de la dermis, formado en un 70% por colágeno (proteína principal de la dermis), el colágeno pierde su capacidad de absorber humedad por lo que hay que llevar una alimentación equilibrada con abundantes ácidos grasos esenciales omega 3 y omega 6 que son nutrientes primordiales para la piel.

La menopausia con sus cambios hormonales produce más sequedad en la piel y hace que la dermis (capa profunda de la piel) pierda colágeno y se alteren las fibras de elastina. En la epidermis (capa superficial de la piel) se reduce la secreción sebácea, la síntesis de lípidos y la renovación celular.

Las arrugas finas y poco profundas en su inicio, son debidas a los cambios en la epidermis y su unión con la dermis. Al pasar el tiempo esta desunión de las capas va en aumento perdiendo nutrición e hidratación. Las arrugas más profundas son debidas en las transformaciones en la dermis por menos actividad de las células. Las arrugas de expresión son debidas a las contracciones musculares y la piel acaba rígida y se pliega.

Las vitaminas son esenciales para la conservación y el mantenimiento de la piel.

Vitamina A

Estimula la producción de colágeno y la regeneración celular. Ayuda en el crecimiento del pelo y retrasa el envejecimiento de las células cutáneas. Protege de los radicales libres,
contribuye al mantenimiento de la suavidad en la piel y tiene efecto antiarrugas. Como el cuerpo no la produce de forma natural hay que adquirirla a través de los betacarotecos.

Alimentos que la contienen:

Pescado, hígado, carne de pollo, cereales, leche entera, mantequilla, huevos, melón, albaricoque, zanahorias, calabaza, espinacas, otras verduras y el aceite de oliva. Al día se necesitan 0,8 mg. (2 yemas de huevo).

Vitamina C

Sirve para participar como tónico celular y actúa en la formación de los tejidos conjuntivos: cartílagos, ligamentos, huesos y dientes.

Estimula el crecimiento, refuerza las defensas naturales previene las manchas de la piel y los dientes. Contribuye a la elasticidad de los tejidos y a la absorción del hierro. Es muy importante para la formación de colágeno. Tiene propiedades antioxidantes (protege las membranas de las células de la oxidación que ataca sus grasas no saturadas) y puede proteger ante el envejecimiento. Mejora la textura de la piel.

Alimentos que la contienen:

Todos los vegetales y también la carne fresca, el melón, hígado, romero, zanahoria, coliflor, berros, brécol, puerros, pimientos verdes, espinacas, espárragos, patatas, boniatos, fresas, cítricos. Al día se necesitan 100 mg. (una naranja).

Vitamina D

El precursor de esta vitamina se transforma en vitamina D mediante el sol y es importantísima para aportar el calcio adecuado en el organismo. Sirve para contribuir fundamentalmente al desarrollo óseo y, de modo general, acelera la absorción y fijación del fósforo y del calcio, decisivo para el mantenimiento de la dentadura y para el desarrollo de los huesos.

Alimentos que la contienen:

Aceite de hígado de bacalao, aceites vegetales, leche, productos lácteos (quesos frescos, semicurados y curados, leche y yogurt), mantequilla, pescados grasos (salmón, arenque, atún, sardinas, boquerones...), hígado, granos integrales y yema de huevo. Al día se necesitan 5 mcg (100 grs. de salmón).

Vitamina E

Aumenta el flujo sanguíneo por lo que mejora la estabilidad de la piel. Regenera el tejido y es un protector natural contra los rayos ultravioleta. Evita el deterioro de la membrana celular y la oxidación de los ácidos grasos. Alivia la fatiga.

Es un poderoso antioxidante, ya que se encarga de detener el proceso de oxidación de las membranas celulares, o sea que resulta una sustancia muy eficaz contra el envejecimiento.

Reduce la formación de radicales libres y protege la piel de los daños ambientales. Tiene una importante acción antioxidante, por lo que refuerza el sistema inmunitario, ayuda a evitar el envejecimiento prematuro.

La vitamina E es necesaria para la evolución normal de muchos órganos: desarrolla las glándulas genitales, oxigena los tejidos y reduce el nivel de grasas en la sangre, disminuyendo así el riesgo de que se obstruyan los vasos sanguíneos del corazón y del cerebro. Es indispensable para el buen funcionamiento del aparato genital.

Su acción es también beneficiosa para los glóbulos rojos: los protege aumentando su resistencia frente a los agentes que puedan resultarles dañinos.

Salvaguarda los ácidos grasos, evitando su oxidación.

Nuestro organismo suele tener escasez de vitamina E por dietas con insuficiente ingesta de alimentos frescos y la mala absorción de las grasas. Ello provoca debilidad muscular y trastornos neurológicos y anemia.

Alimentos que la contienen:

Aceites vegetales (oliva, soja, girasol, maíz, cacahuete, algodón), germen de trigo, legumbres secas (alubias, habas), nueces, avellanas, almendras, verduras, hortalizas (espinaca, lechuga, col), harina integral, huevos, carnes, lácteos. Una dieta variada asegura la dosis necesaria. Se recomiendan 8-10 mg. microgramos al día.

Consejos

Ö Dormir 8 horas al día.

Ö Tomar un poco el sol con el protector solar adecuado.

Ö No fumar. La epidermis queda apagada y toma un tono grisáceo. Fumando se crean radicales libres que atacan la piel.

Ö Procurar una alimentación variada y equilibrada que contenga los elementos que necesitamos para conservar nuestra piel lo mejor posible.

 

Cuidados de la piel madura - II

 

Equipo Torrese

Fotografía:
hospitalitaliano.org.ar

1ª Pub. 13-10-2006
Revisado y puesto al día: 04-05-2008


 

 

 
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