Niños superdotados – Un 2% de la población infantil es superdotada – Rasgos a tener en cuenta

30 agosto 2018 | Sin comentarios | Publicado en família, Temas
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    [Familia - Niños]

     

    Son inquietos, creativos, hacen preguntas continuamente, entienden pronto los matices del lenguaje y utilizan un vocabulario impropio de su edad. Son niños superdotados o con altas capacidades, es decir, aquellos que presentan un cociente intelectual superior a 130. Esa es la definición técnica que ofrece la Organización Mundial de la Salud (OMS) para delimitar una condición que atesora apenas un 2% de la población infantil, aunque casi la mitad suelen ser niños problemáticos, con bajo rendimiento académico y en algunos casos fracaso escolar.

     

    Algunos rasgos que definen a un niño superdotado:

    > Suelen empezar a caminar, leer, sumar y restar precozmente, con poca o ninguna ayuda.

    > Entienden pronto los matices del lenguaje y utilizan un vocabulario avanzado, por lo que expresan sus ideas con una facilidad y claridad impropias de su edad.

    > Demuestran una gran curiosidad y creatividad. Son observadores e investigativos, hacen preguntas constantemente y consultan libros de referencia, diccionarios y enciclopedias.

    > Aprenden con mucha rapidez y tienen una excelente memoria, sobre todo para lo que les interesa. En este sentido sorprenden a padres y profesores reteniendo información diversa y recordando detalles durante largos periodos de tiempo.

    > A veces se distinguen de los demás por tener un pensamiento creativo, es decir, ideas originales y divergentes, con lo que son capaces de percibir una determinada situación de muchas formas diferentes.

    > Aunque pueden ser introvertidos, son casi siempre muy independientes y suelen atesorar capacidad de liderazgo, algo que no impide que asuman responsabilidades para completar las tareas que se les encomiendan.

    > Pueden sobresalir en una o varias asignaturas, y generalmente rinden muy bien en el colegio si están debidamente motivados. De lo contrario, muestran pérdida de atención y se aburren fácilmente, lo que en muchas ocasiones revierte en fracaso escolar.

    > Sus intereses y aficiones son diversos y muy variados, pero muchas veces están enfrascados en sus temas y se muestran ajenos a todo lo que les rodea.

    > Tienen excesiva carga de energía. Frecuentemente están alerta y parecen ansiosos, explorando intereses más allá de las limitaciones habituales de los niños de su misma edad.

    > A menudo muestran inestabilidad emocional, así como resistencia a la autoridad si ésta es impositiva, ante la que se muestran muy desobedientes.

     

    ¿Qué entendemos por niño superdotado?

    Las psicopedagogas francesas Arielle Adda y Hélène Catroux intentan responder con sencillez a la pregunta: “Es aquel especialmente provisto de cualidades intelectuales, que se beneficia de un potencial que, como tal, debe ser explotado”. Autoras del libro Niños superdotados. La inteligencia reconciliada, Adda y Catroux vienen a decirnos que cualquier “don que no se trabaja puede acabar desapareciendo” y advierten sobre el drama que viven algunos de estos escolares cuando se topan con el fracaso escolar: “Sabemos que una floración precoz, más frágil que las demás, desaparece en caso de helada inesperada…”. En otras palabras, la inteligencia de estos alumnos es una cualidad genética, algo con lo que nacen, pero necesitan un ambiente adecuado para desarrollarla. Si en los años setenta se creía que el 80% de la inteligencia se heredaba, los últimos estudios vienen a señalar que sólo el 50% es hereditaria, y que el entorno y la educación influyen en la otra mitad.

    “La sobredotación intelectual responde al criterio de potencialidad. El alumno superdotado, como todo niño, necesita experiencias de aprendizaje adecuadas que le motiven y le supongan una satisfacción y un reto personal, ya que no disponer de estas oportunidades puede ocasionarle inhibición intelectual, bajo rendimiento y desajustes emocionales”. Lo dice Juan Antonio Alonso, doctor en Ciencias de la Educación y coordinador de programas del Centro Huerta del Rey, de Valladolid (España), institución pionera en España en la atención a este alumnado.

    Adda y Catroux citan en su trabajo la distribución de la población con arreglo al Cociente de Inteligencia (CI) –una escala que va desde 46 a 160–, a partir de los resultados en los tests de inteligencia alcanzados por niños de la misma edad. Según esos resultados el 50% se sitúa entre 90 y 110; el 25% por encima y por debajo de estas cifras. Y a partir de aquí se encuentran los considerados brillantes, los chicos son una inteligencia superior: el 5% alcanza un CI de 125, el 2% un 130 y un 1% un 145; sólo una persona de cada cien mil poseería un CI igual o superior a 160.

    Es importante distinguir al superdotado del niño con “talento académico”, es decir, del que obtiene buenas calificaciones y destaca por su rendimiento. Algunos tienen la falsa creencia de que los niños superdotados son aquellos que además de tener buenas notas, son obedientes y acreditan un aprovechamiento escolar óptimo, pero, por lo general, los niños con CI superior pasan muchas veces inadvertidos y por tanto no reciben los estímulos adecuados para el desarrollo de sus capacidades. Aun así ciertos comportamientos pueden “delatarles”: mostrarse inquietos, hacer preguntas continuamente hasta el punto de exasperar al profesor, falta de interés o aburrimiento ante las actividades propuestas por considerarlas irrelevantes, o cuestionamiento de la autoridad.

     

    Detección temprana

    A juicio de los especialistas, dichas conductas pueden servir de marco de referencia para identificar a niños superdotados y brindarles las herramientas necesarias para lograr su óptimo rendimiento académico y personal. Sin embargo, el arma más eficaz es la detección temprana. En este sentido, el presidente de la Asociación Española de Superdotación y Altas Capacidades (AESAC), José Antonio Montes, destaca la labor de los padres. “Normalmente, observan desde muy pronto –antes de la incorporación del niño al colegio– sus comportamientos y aptitudes precoces, como el desarrollo temprano del lenguaje. Además desarrollan muy pronto su capacidad para leer y comprender lo que leen, habilidades de tipo manipulativo, y hacen preguntas “filosóficas” sobre la vida, la muerte, la existencia de Dios o el sexo”.

    Esta visión es refrendada por Juan Antonio Alonso: “En la etapa Infantil y en los primeros cursos de Primaria los padres son más aptos que los maestros para identificar a los alumnos posiblemente superdotados. La opinión según la cual los padres tienden a sobrestimar el valor intelectual de sus hijos no se confirma en las investigaciones, bien al contrario, son más reservados que los docentes”.

    Para demostrar las capacidades de estos niños nada mejor que los ejemplos sobre pautas de desarrollo y aprendizaje que expone la doctora en Psicología Yolanda Benito, directora del Centro Huerta del Rey. Por ejemplo, el hecho de que desde el primer día del nacimiento sostengan la cabeza, se mantengan de pie a los seis meses o anden sin ayuda a los nueve es una muestra palpable de un desarrollo motor precoz. Si nos centramos en el lenguaje, muchos niños superdotados dicen la primera palabra a los seis meses, la primera frase a los doce, y mantienen una conversación entre los 18 y los 24 meses. A esa edad aprenden los colores, incluso en sus diferentes tonalidades, y a los tres años preguntan por palabras nuevas que no conocen, empleando el término exacto en el momento oportuno.

    Según Benito “es la curiosidad lo que les lleva a aprender”; por eso suelen saber leer a la edad de tres años, antes de ir a la escuela o en muy corto periodo de tiempo, muestran un alto interés por la lectura y también aprenden el abecedario a los dos años y medio. En opinión de esta experta, es un aprendizaje a partir de una lectura funcional, del conocimiento de determinados logotipos y anagramas. “Utilizan continuas preguntas entre las que destaca: ¿qué pone aquí? y no preguntan por las letras sino por las palabras. Tampoco deletrean ni silabean en el aprendizaje, y aprenden a escribir normalmente en mayúsculas pues el trazo es más sencillo.” En cuanto a los números, a los dos años y medio cuentan hasta 10 y con tres años y medio resuelven a nivel mental problemas de suma y resta con números hasta el 10. Además, manifiestan un interés precoz por el tiempo y aprenden a contar el tiempo en horas a los cinco años.

    El problema llega cuando “muchos alumnos superdotados no son identificados en los centros, y muchos de ellos dejan de estudiar por falta de adecuación de los programas a sus capacidades”. Así se expresa en La educación del alumno superdotado, un documento de 2003 editado por el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid (España), estudio donde se revela que la identificación, a nivel mundial, por parte de los profesores es tan sólo del 50%, mientras que en esta Comunidad Autónoma los maestros identifican únicamente un 44%, lo que implica que los profesores no están suficientemente formados al respecto. “…”

     

    Daniel Vila
    Todo el artículo publicado en la Revista muf@ce, nº 209
    Revista muf@ce 

     

    Página de origen de la imagen:
    psicologiagranollers.blogspot.com/2011/02/ninos-superdotados-y-el-trastorno-por.htm

     

     

     

     

     

     

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