La postergacion – Aplazar, posponer las cosas debido a la angustia

12 febrero 2018 | Sin comentarios | Publicado en salud, Temas
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    Por Nereida Cuenca*

     

    “La postergación es una amputación. Nos disminuye”, afirma la escritora Natalie Goldberg. Y es cierto: aplazar las cosas debido a que la angustia nos estalla mina nuestra imagen. Además, el incumplimiento reiterado de los compromisos puede ser el detonante de una pérdida de empleo, de una ruptura afectiva o de un perjuicio económico. Por eso, los postergadores suelen vivir atormentados por la culpa, arrastrando su cojera y escondiendo las cicatrices generadas en cada combate.

    ”Durante lustros he rechazado asistir a fiestas de cumpleaños, fines de semana en el campo con los amigos, o incluso vacaciones de verano. El motivo siempre ha sido el mismo: tengo que terminar el trabajo pendiente. Las amistades se quejan de mis excusas. A pesar de quedarme un día sí y otro también encerrada en la oficina o en mi casa apenas me cunde. Yo me siento fatal. Observo cómo la vida se me escapa sin disfrutarla. Entonces una tempestad se desata en mi interior, con oleadas de reproches y de odio hacia mí misma. En esos casos me inunda el deseo de aislarme, de no ver a nadie, y así ocultar al mundo entero mi gran ineptitud”.

    Esta confesión proviene de una conocida mía, Paloma, que se ha propuesto liberarse de la postergación. Con la palabra “postergación” vamos a definir un problema que sufren muchas personas, y al que algunos autores se refieren como “procrastinación”, término adoptado del vocablo inglés procrastinate, que significa diferir, aplazar, pasar el tiempo sin obrar, sin decidirse. Y es justo en esta imposibilidad de obrar, de decidirse, donde surge el tormento y el caos del postergador. Se pueden aplazar tareas domésticas, compromisos laborales, llamadas telefónicas, conversaciones difíciles, proyectos, decisiones, sueños…, en fin, un montón de asuntos, pequeños o grandes, que siempre nos persiguen, implacables, a todas partes.

    Vistos desde fuera, los postergadores podrían parecer holgazanes, perezosos, gente desorganizada con enorme facilidad para distraerse. Sin embargo, estas personas dedican muchísimas horas a merodear en el asunto aplazado. Y ése es uno de sus mayores problemas: simplemente acechan; no son capaces de abordarlo. En contraste, las personas diligentes, las que cumplen con sus obligaciones a tiempo, no se hallan perturbadas por maremotos internos. A la hora de actuar, pueden sentir más o menos ganas, estar más o menos inspiradas, pero eso no les frena en su propósito de hacer las cosas.

    “Muchos postergadores descubren que su continuo posponer parece tener vida y voluntad propia”, aseguran las doctoras Jane B. Burka y Leonora M. Yuan, en su libro El hábito de posponer. “Desean progresar –afirman–, pero son incapaces de moverse, hasta que la presión y la fecha límite es tan inmediata que de alguna manera salen del lodo, aunque no siempre con éxito”.

     
    Raíces Emocionales

    ¿Qué les pasa a lospostergadores para que difieran una y otra vez sus compromisos? No es fácil de explicar. Los motivos son complejos, irracionales, y en algunos casos de difícil solución. Según los expertos entran en juego muchos miedos, como el miedo al fracaso, miedo al éxito, miedo a perder la batalla, miedo a sentirse mediocre… En definitiva, unos miedos que ni los propios postergadores son capaces de identificar; y mucho menos de superar.

    “Es como si una fuerza interior te bloqueara –comenta Paloma–. Las personas acostumbradas a despachar sus asuntos al instante, o a planificar con tiempo los días libres, se quedan atónitas al observar mi parálisis: ¡Hazlo y ya está!, me dicen, ¡No le des más vueltas!… Pero no es tan sencillo”.

    “Resulta desesperante –comenta Isabel, otra postergadora–. Cancelas todos tus compromisos para recluirte a trabajar. Sin embargo, no eres capaz ni de encender el ordenador. Entonces confías en que al día siguiente, de forma milagrosa, te sentirás con más fuerza, con mayor inspiración, y podrás empezar. Pero eso no ocurre, y la situación empeora. Los plazos de entrega te van acorralando, igual que una jauría de perros dispuestos a clavarte los dientes. Sólo hay una solución: escapar o morir. Gracias a Dios, en el momento más crítico, se me dispara un resorte mental, el de la supervivencia, supongo. Como por arte de magia supero los obstáculos. ¡Estoy a salvo! Ha sido por los pelos, pero lo he conseguido”.

    Los postergadores suelen sentir que su vida, su autoestima y su dignidad se ve amenazada cada vez que afrontan un nuevo reto. Pero cuando logran ganar la carrera cobran confianza en sí mismos; entonces se proponen organizarse mejor para evitar que les vuelva a pillar el toro. Con este espíritu renovado, se compran libros que enseñan a gestionar el tiempo, estrenan agendas en las que marcan sus compromisos con antelación…, unos recursos que les sirven de poco. Esos manuales nada dicen de cómo calmar su tempestad interior, de cómo lograr concentrarse en la tarea, de cómo domar los miles de pensamientos que se desbocan en su mente. Para los postergadores la libertad se encuentra en otro sitio, sin perros al acecho.

    Mas no podemos huir: las cosas a medias, pendientes de resolver, te persiguen como una sombra a donde vayas. Por eso los postergadores no disfrutan, no se divierten… aunque se escapen a una fiesta. El asunto aplazado siempre les golpea la conciencia.

    Merece la pena, pues, esforzarse por superar semejante martirio. “Cuando se derrota la postergación –dice Rita Emmet, autora del libro ¡Hágalo ya!adquirimos una sensación de control sobre nuestra vida. Esto conduce a una fabulosa sensación de confianza. A medida que se convierta en un anti-postergador con confianza, se sentirá capaz de afrontar asuntos más importantes. Cada éxito trae más éxitos: los pequeños logros conducen a otros mayores”. Y predice: “El día que se diga a sí mismo: ‘odio hacer esto, pero tengo que hacerlo, así que mejor lo hago ahora mismo y de este modo me lo quito de encima’, se liberará de la sensación de culpa y tensión causadas por el aplazamiento”.

     

    Sugerencias

    Debemos tener presente que el temor a realizar una tarea consume más tiempo y energía que la tarea en sí. Muchos asuntos que aplazamos durante días, meses o incluso años no llevan más de media hora de trabajo real. He aquí algunas sugerencias para actuar con mayor diligencia:

    > Divide cada tarea en tramos pequeños abarcables.
    > Elabora listas de cosas por hacer, y ve tachándolas a medida que las termines.
    > Haz a primera hora de la mañana la tarea menos placentera.
    > Distribuye tus actividades en función de tu ritmo biológico. Piensa en qué momento del día tienes más energía mental, cuándo tienes más energía física, cuándo te sientes más sociable y cuándo te sientes agotado. Actúa en consecuencia.
    > Comprométete a trabajar un mínimo de tiempo en alguna tarea aversiva –por ejemplo cinco o diez minutos– y cumple el pacto.
    > No esperes a tener ganas para empezar a actuar.
    > Date alguna recompensa después de haber hecho algún progreso.
    > Establece objetivos. Puede parecer que no has alcanzado tus objetivos por tu hábito a postergar, pero a lo mejor es que ni siquiera te los has marcado. ¿Conoces cuáles son tus intereses, preferencias, valores y necesidades?
    > Busca apoyo. No te avergüences por ello.

     


    *Psicóloga
    Artículo publicado en el nº 189 de la Revista MUFACE. www.muface.es/revista/index.htm 

     

    Bibliografía:
    -El hábito de posponer, Jane B. Burka y Leonora M. Yuen. Ed. Javier Vergara Editor.
    - ¡Hágalo ya! Manual del postergador, Rita Emmett. Ed. Oberon.
    - ¡No lo dejes para mañana!, M. Susan Roberts. Ed. Sirio.
     

     

    Página de origen de la imagen:
    peru.com  

     

    Ver:
    Sección Salud 

     

     

     

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