Diarios de viaje – Las Azores – Las nueve islas son auténticos jardines flotantes en el Atlántico

02 mayo 2018 | Sin comentarios | Publicado en Temas, Viajes
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    [Viajes]

     

    Vestigios volcánicos anclados entre Portugal y Terranova, las nueve islas azorianas fueron convertidas por los colonizadores portugueses en auténticos jardines flotantes, bucólicos y apacibles, aun cuando en paréntesis turbulentos la naturaleza ha truncado con violencia esa paz para recordar que es ella quien manda. Según mapas genoveses del siglo XIV las Azores habrían sido descubiertas entre 1317 y 1339, pero según el historiador Damião Peres, habría sido Diogo de Silves el descubridor del archipiélago en 1427. Hacia 1439 se inició el poblamiento que tuvo sus inicios en São Miguel y Santa María.

    A lo largo de su historia, las Azores jugaron un importante papel en la conquista y defensa de las plazas portuguesas del norte de África, como base de apoyo a las expediciones que partían en exploración de las Américas, bastión de resistencia durante el dominio español de 1580 a 1640 y durante las dos grandes guerras apoyo vital para los aliados. Dos años después de la revolución nacional del 25 de abril de 1974, la constitución portuguesa concedió a las Azores el estatus de región autónoma.

    Favorecido por las corrientes atlánticas, el archipiélago recibe la cantidad de lluvia necesaria para lucir un verdor propio de Irlanda, que también propician unos meses de verano cálidos y soleados… aunque no son raros los chubascos intempestivos de poca duración.

    Las islas se agrupan en tres zonas claramente diferenciadas: las más orientales son São Miguel y Santa María, el grupo central lo constituyen Terceira, São Jorge, Pico, Faial y la diminuta Graciosa, mientras que las más occidentales son Corvo y Flores. Con la excepción de Santa María, las islas se formaron por una continuada actividad volcánica de la que aun son testimonios las numerosas fuentes de aguas termales y las fumarolas que brotan en varias de ellas. El calor de la tierra se aprovecha para cocinar el “cozido nas caldeiras” en algunos enclaves como el Vale das Furnas, en São Miguel, donde a mediodía constituye un atractivo turístico presenciar el desentierro de las ollas cuyo contenido se ofrece a los comensales de los restaurantes de la zona.

    El último volcán en dejar sentir su potente voz fue el de Ponta dos Capelinhos, en Faial, cuya erupción cubrieron en directo los reporteros de la entonces recién fundada Televisión portuguesa, hace menos de cincuenta años. Cuando la lava se enfrió, la isla había ganado varios metros de superficie. El puerto de su capital, Horta, es un amplio mosaico de “grafitis” realizados por aquellos navegantes que han querido dejar huella de su paso por el último refugio antes de emprender la travesía atlántica.

    Cada isla tiene su propio carácter y las diferencias geográficas entre ellas son notables. Mientras que Terceira, por ejemplo, es casi totalmente plana, y está jalonada de multicolores Impèrios, especie de pequeñas ermitas consagradas al Espíritu Santo, Pico es en realidad un inmenso cono volcánico que sobrepasa los dos mil metros de altitud. Allí se aprecia claramente lo que fue en otros tiempos; un lugar dedicado casi exclusivamente a la caza de ballenas y a su aprovechamiento. Los cetáceos están presentes en todas partes, en su museo, donde se pueden contemplar las excelentes tallas de huesos o dientes de ballena, en su artesanía, con los exquisitas labores que sus mujeres tejían “ao garfo” y de las cuales aun se venden primorosos tapetes…

    Pero no las distingue sólo la topografía. Algunas islas siguen siendo casi exclusivamente agrícolas y ganaderas, mientras que otras van decantando su actividad hacia los servicios, sobre todo el turismo, aunque incluso las más turísticas, como São Miguel, aun están lejos de la saturación de las Canarias o Madeira, por compararla con islas semejantes. Una variada gastronomía que cambia según los productos y hábitos de cada isla y unos vinos locales de buen nivel complementan la oferta a los visitantes.

    Las de un mismo grupo están tan próximas entre sí que se puede ir de una a otra en unos minutos o, como máximo, en  pocas horas, utilizando el ferri, pero para ir de un grupo de ellas a otro es mejor utilizar las líneas aéreas que las comunican con vuelos de corta duración y tarifas asequibles. São Miguel, Terceira, Faial y Flores disponen de aeropuertos capaces de recibir grandes aviones provenientes de Lisboa, pero también hay otras islas donde pueden aterrizar aviones pequeños. Para quienes gusten de conducir, la mejor opción para desplazarse por las islas es un coche de alquiler, para los que no, el taxi no es muy caro y en las islas más planas las bicicletas son un excelente transporte alternativo. En algunos casos vale la pena utilizar las líneas de autobús, pero no siempre sus horarios se adaptan a las necesidades del visitante.

    Quienes prefieran las vacaciones activas encontrarán en las Azores facilidades para practicar el excursionismo, el golf, el buceo, el ciclismo o la navegación a vela, además de que los amantes del surf o del parapente tienen en Santa María un buen lugar para practicarlos y los escaladores pueden disfrutar de su afición en Pico. La observación más pausada de la naturaleza se puede practicar tanto en tierra como en el mar, ya que algunas islas hay empresas especializadas en la observación de mamíferos marinos, sobre todo de varias especies diferentes de delfines y cachalotes; en algunos lugares y épocas concretas, también se pueden observar otras especies de ballenas. A veces no son fáciles de ver y, si la suerte es adversa para esta actividad, la decepción se palia en gran medida por el espectáculo que ofrece el mar y la costa en el trayecto de ida y vuelta, sobre todo al atardecer.

    En todas las islas hay bellos paisajes, orlados por grandes hortensias de todos los colores, que señalan los límites de las propiedades, pero destacan las numerosas lagunas que se han formado en muchos antiguos conos volcánicos como los de Sete Cidades, en São Miguel, la belleza agreste de Pico o los bucólicos parajes de Terceira.  Las tres ciudades de mayor tamaño son Ponta Delgada, capital del archipiélago, en São Miguel, Horta, en Faial y Angra Do Heroismo, en Terceira, todas ellas con numerosas muestras de arquitectura colonial portuguesa, pero destaca sobre todo la última, maravillosamente reconstruida tras un terremoto y que exhibe sus alegres casas de colores habiendo recibido en 1983 el reconocimiento de la UNESCO como patrimonio de la humanidad por el armonioso estilo de su centro histórico.



     © Marisa Ferrer P.


    Fotografías:
    © Néstor Navarrete

     

     

     

     

     

     

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