
La crisis está afectando al negocio de muchas micropymes, aunque también es cierto que en algunas ciudades españolas la economía de barrio está resurgiendo como respuesta a la crisis. Como consecuencia de ésta ha aparecido un nuevo modelo de consumo que revela una preferencia hacia el comercio de proximidad y los talleres de reparación de coches, calzado o textil.
Diferenciarse siempre es necesario pero el mercado nos obliga a ponernos a ello ahora más que nunca. En su blog Nodos en la Red, el profesor Mario López de Ávila aborda la diferenciación de un negocio tradicional (una lavandería, una peluquería, un negocio de alquiler de coches, un taller o un restaurante), a través de la técnica de la provocación.
López de Ávila se refiere en su artículo a la teoría del pensamiento lateral de Edward De Bono, que lo definía como un medio de escapar del pensamiento preestablecido y encontrar nuevas visiones más originales y creativas. Una de las técnicas que plantea Bono para llegar a ese camino lateral es la provocación. Se trata, claro está, de una provocación deliberada, un método sistemático que introduce inestabilidad en los modelos y patrones habituales y que nos va a guiar a la hora de ponernos en marcha en una dirección completamente nueva.
La técnica formal de la provocación es un proceso en dos etapas:
1. El planteamiento de la provocación
2. El uso de la provocación o movimiento
Bono definía varias formas de plantear una provocación. Una de ellas es el denominado “método de la huida” o “método de la negación” que consiste en identificar algo que se esté dando por sentado, algo que sea obvio en la situación en la que estamos trabajando para, a continuación, negarlo. Por ejemplo, si nuestra idea de negocio es una lavandería, la estrategia provocadora nos llevaría a plantear argumentos de partida como una lavandería sin máquina lavadora. La única regla de este método es que nunca debe plantearse un problema, queja o rasgo negativo como algo que se dé por sentado, porque escapar de una negación no es provocativo.
Desde esta provocación nos ponemos en movimiento, centrando nuestra atención deliberadamente en la búsqueda lógica y razonada de las bondades de la propuesta, sus ventajas y sus beneficios. Siguiendo con el caso de la lavandería, un aspecto positivo sería el ahorro de costes de operación y mantenimiento que supondría la no dependencia de una máquina lavadora, lo que nos llevaría a dirigir estos recursos sobrantes a otros aspectos del negocio como la atención al público o la prestación de servicios adicionales. En resumen, como dice el profesor Mario López de Ávila, se trata de imaginar cómo proporcionar valor a partir de la provocación.
Pero, claro, ¿en qué circunstancias tendría sentido una lavandería sin lavadoras? Por ejemplo, si nos planteamos un servicio de lavandería prestado por amas de casa. Estaríamos hablando de una lavandería “distribuida” por toda la ciudad. Una idea que puede ser buena pero que, sin duda, hay que testarla, identificar los obstáculos y planificarla de manera efectiva.
Editado por el Gabinete de Prensa de Soyempresaria.com, 02-07-2009
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Fotografías fondo:
© S. Xambó