
[Crónicas desde mi azotea]
"El momento para las palabras se acabó ", dijo la copresidenta del Foro Económico Mundial 2009, María Ramos, en la última sesión de la reunión anual de la elite política económica global que se ha celebrado durante los últimos cinco días en este resort alpino en Suiza. "Si volvemos en seis meses o un año y aún estamos hablando de las mismas cosas, habremos fracasado y el conflicto social será absolutamente drástico". (Andy Robinson, La Vanguardia).
Sabia y valiente afirmación la de la representante de los poderosos del mundo. Estoy de acuerdo: a ellos, a nuestros dirigentes, se les ha acabado el tiempo de la palabra y solo si emprenden una acción decidida y contundente podrán salvarnos de la quema.
Pero a nosotros, aún nos queda la palabra. Porque cuando falla el sistema, cuando se desmorona lo establecido, cuando el conflicto se establece, a la sociedad; al pueblo, como dice Blas de Otero, lo único que le queda es la palabra:
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
La palabra para instar a la acción a nuestros dirigentes, para hablar entre nosotros, para colaborar, para construir nuevas ideas.
Porque si ellos no se callan o nosotros dejamos de hablar, tal vez las palabras ya solo nos sirvan para rezar, cada cual a su Dios, rogando por un milagro que nos saque de este agujero que con tanta alegría y con tan hermosas palabras nos hemos ido cavando.
Tomás Cascante
Desde mi azotea, 04-02-2009
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