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  30/07/2010
 

 El coach en el cambio empresarial

 

 

 

El

 Coach tiene bastante que aportar al esfuerzo que hacen las empresas por transformar las actitudes y conductas de sus empleados. Pero la ciencia que explica la conducta de la gente hasta ahora sólo se aplicó en forma fragmentaria.


Los programas de cambio de las grandes organizaciones suelen ser difíciles de manejar: pretenden cambiar no sólo la forma en que las personas se comportan en el trabajo sino también su manera de pensar sobre lo que hacen. Porque se ha comprobado que muchas veces la única manera de mejorar el desempeño de una empresa es modificando la manera de pensar de la gente.

 

Los psicólogos que trabajan en desarrollo infantil y del adulto han hecho varios descubrimientos importantes sobre las condiciones que se deben dar para que las personas cambien su conducta. Primero, dicen, deben entender por qué y para qué se quiere cambiar, y luego deben estar de acuerdo con esos motivos. Además, las estructuras circundantes(sistemas de recompensa y reconocimiento, por ejemplo) deben armonizar con la nueva conducta.

 

La gente también debe ver a colegas que admirar, actuando en concordancia.

 

Finalmente, debe tener las habilidades necesarias para hacer lo nuevo que le piden que hagan.

 

Hasta no hace mucho, los avances logrados en psicología sobre la forma en que comporta la gente se aplicaban a la empresa sólo de manera fragmentaria. Pero en los últimos meses varias empresas han descubierto que al poner todos los descubrimientos juntos en programas para mejorar el desempeño se consiguen notables cambios de conducta en los empleados.

 

A continuación, un brevísimo resumen de las condiciones que debe reunir un programa para cambiar actitudes y conductas.

 

 

Cuatro condiciones para cambiar mentalidades:

 

Los empleados cambiarán su mentalidad sólo si entienden qué sentido tiene el cambio, y lo aprueban.

 

La remuneración y el sistema de reconocimientos deben estar a la altura de la nueva conducta que se busca.

 

Además, los empleados deben tener las habilidades para hacer lo que se les pide.

 

Finalmente, deben ver cambiar también a las personas que merecen su respeto dentro de la organización.

 

Cada una de estas condiciones se debe dar en forma independiente.

 

 

Un objetivo en el cual creer:

 

En 1957 el psicólogo social de la Universidad de Stanfod, Leon Festinger, publicó su teoría de la disonancia cognitiva, un estado mental que surge cuando la gente encuentra que lo que hace, no está de acuerdo con sus convicciones.

 

Festinger observó en los sujetos de su experimentación una profunda necesidad de eliminar la disonancia cognitiva cambiando sus acciones o sus convicciones.


La implicancia de esto para una organización, es que si la gente cree en los objetivos, manera de pensar, dirección y servicio que la empresa posee, hará gustosa los cambios en su conducta individual que hagan falta para lograr unificarse con dichos objetivos o cambios propuestos por la empresa. Si no lo hacen, vivirán entonces en disonancia cognitiva.

 

 

Sistemas de reafirmación


B. F. Skinner se hizo famoso por sus experimentos con ratones durante los últimos años '20 y '30. Con ellos descubrió que podía motivar a un ratón a que complete la aburrida tarea de sortear un laberinto si a cambio le daba el incentivo adecuado --por ejemplo, si ponía maíz en el centro del laberinto-- y además lo castigaba con una corriente eléctrica cada vez que tomaba una vía equivocada.


Sus teorías de condicionamiento y reafirmación positiva fueron tomadas por los psicólogos interesados en averiguar qué cosas motivan a la gente en las organizaciones. Los especialistas coinciden hoy en que las estructuras y procesos gerenciales y operacionales deben guardar cierta coherencia con la conducta que se le pide a la gente.

 

Cuando una empresa no refuerza los objetivos de conducta nueva que busca, los empleados muestran menos probabilidad de adoptarla en forma consistente.

 

Volviendo a Skinner, luego se comprobó que pasado un tiempo los ratones se aburrían del maíz y comenzaban a ignorar las corrientes eléctricas. Un fenómeno similar suele ocurrir a veces con las organizaciones que no logran mantener los mismos niveles de alto desempeño logrados en un principio.

 

 

Habilidades necesarias para cambiar


Muchos programas de cambio cometen el error de exhortar a los empleados a comportarse de manera diferente sin enseñarles cómo adaptar las instrucciones generales a su situación individual. La empresa puede pedirles, por ejemplo, que se "preocupen por el cliente", pero si antes se le prestaba muy poca atención, los empleados no tienen idea de cómo interpretar ese principio, o no saben cuál será el resultado del cambio o para qué se busca. De allí la importancia del Coach, de la enseñanza y nuevos conocimientos que se le deben dar a las personas que integran una organización o empresa.

 

¿Cómo se hace para dar a personas adultas las habilidades que necesitan para hacer cambios relevantes en su conducta?

 

Primero, hay que darles tiempo. En los '80, David Kolb, especialista en aprendizaje de adultos, desarrolló un ciclo de cuatro fases para mostrar que los adultos no pueden aprender simplemente escuchando instrucciones.

 

Deben absorber la nueva información, usarla, experimentar con ella e integrarla a su conocimiento existente. En la práctica, esto significa que no se puede enseñar todo lo que hay, en una sola sesión. Hay que separar la información en bloques, con tiempo entre uno y otro para reflexionar, experimentar y aplicar los nuevos principios. El cambio en gran escala ocurre en etapas.

 

Más tarde el psicólogo organizacional Chris Argyris demostró que la gente asimila mejor la información si luego tiene que explicar a otros, cómo aplicar lo aprendido a las circunstancias personales. Una parte de la razón de esto es que los seres humanos usan diferentes áreas del cerebro para aprender y para enseñar.

 

 

Modelos de rol consistentes


Gran parte de los trabajos clínicos y de Coach confirman la idea de que las personas que cumplen el rol de modelos son tan importantes en el cambio de la conducta adulta como las otras tres condiciones juntas. En cualquier organización, las personas modelan su nueva conducta, copiando aquellos a quienes ven en posiciones de influencia.

 

 

Horacio Roberto, Argentina

Arquitecto

Estudio Corporativo & Desarrollo Humano

 


Extractado de un ensayo publicado por
Emily Lawson y Colin Price
The McKinsey Quarterly

 

 

 
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