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| 12/02/2012 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Vaya verano ![]() Por Eliseo López Rodriguez*
No entiendo cual es el problema para solventar una cuestión, que precisamente ahora que no está extendida en la sociedad catalana, es más fácil de aclarar. Me refiero a las prendas que cubren todo el rostro de una persona. Yo estaba convencido de que eso ya estaba legislado. No es usual ver a nadie con la cara tapada en lugares públicos, porque, entre otras pequeñas cosas, el sistema básico de identificación en nuestra latitud es el documento nacional de identidad, el pasaporte, el carnet de conducir o en el caso de personas no nacidas aquí (España), el NIE. Todos estos documentos, al margen de números, marcas, chips y cada vez más sofisticados sistemas de identificación, se da la circunstancia de que acompañan de modo indeleble una fotografía llamada “tamaño carnet” del rostro de la persona a la cual pertenece el susodicho documento. ¡Oh sorpresa!! sí, llevan una foto de la cara del individuo en cuestión, en lugar de llevarla del culo (que en algunos casos sería mucho mejor), del codo, del ombligo o de la axila derecha. Y para pasmo de pasmos, es lo que se mira en primer lugar, cuando alguien, por el motivo que sea, necesita asegurarse de que la persona portadora del documento, es exactamente la misma que sale en la puñetera foto del mismo. Asunto zanjado. Lo demás, las declaraciones de sesudos políticos, hábiles analistas, gobernantes que nos cuentan que es un debate a realizar con la calma que suscita la cuestión en si misma, etc. etc. etc., son monsergas que una de dos, o pretenden entretenernos de los problemas reales que tenemos, con lo cual nos están llamando gilipollas, o bien, ellos mismos son unos perfectos gilipollas (téngase en cuenta lo de perfectos, que viene a ser un término de sublimación del de la propia definición del sujeto en cuestión). La reforma laboral nos cae como un jarro de agua fría. Bueno, a los que les coge a traspié sobre todo es a los sindicatos, que no saben como justificarse ante sus representados, aunque ya lo han arreglado con una huelga general. Es maravilloso que las cosas se arreglen precisamente con: si no quieres caldo toma dos tazas. Es decir, cuando le duela a usted la cabeza, no tome un analgésico, atícese un martillazo, mano de santo oiga. Claro, quizá están viendo venir que se les acaba seguir viviendo de lo que han vivido hasta ahora, o sea del erario público. A ver, que las cosas pintan mal desde hace ya dos años está claro. Que debemos ajustar todo aquello que podamos, a nivel individual y particular, está más claro todavía. Que si no dejamos de fijarnos en aquellos que se han hecho y siguen haciéndose de oro a base de especulación, usura y engaños, iremos a peor. Que la pregunta que nos hemos de hacer cada mañana (individual y colectivamente) es que podemos hacer por mejorar nuestro entorno cercano, en lugar de a ver donde pillo una ayuda, una subvención, una paga, o algo, lo que sea, que me permita seguir viviendo por la cara a cuenta de una nefasta gestión de los recursos generales. En síntesis, y procuro ser conciso. No puede ser que un jeta, pueda coger una baja de larga duración porque se ha roto una uña, porque está desanimado o porque nota un cierto malestar en la zona lumbar. Ni tampoco puede ser que alguien pretenda que una familia viva con una ayuda de 400 euros. Basta de hipocresía, por favor. No puede ser que queramos productos de calidad, “made in Spain”, con garantías certificaciones y todo lo que se nos ocurra, pero al mismo tiempo paguemos por ello una centésima parte de lo que cuesta fabricarlo. No puede ser que le exijamos a nadie, aquello que nosotros mismos no somos capaces de hacer. En síntesis, deberemos dejar de ver la paja en el ojo ajeno, y no ver la viga en el propio. O sea que, quizá es el momento de ponerse a trabajar de verdad y que el ociar pase a ser la segunda de nuestras preocupaciones, y no al revés (se lo pueden aplicar los gobiernos también). Y por último, sintiéndolo mucho, me importa un pito lo que cobre el señor Botín, el ministro que sea, el concejal que sea o el sinvergüenza de al lado que lleva media vida viviendo del subsidio de desempleo y los “apaños “ que le permite el sistema. Únicamente me preocupa que puedo hacer para mejorar todo aquello con lo que no estoy de acuerdo para que los demás y yo podamos vivir dignamente sin más de lo que necesitamos. Feliz verano.
*Administrador de la Revista La Vall d'Horta i el Guinardó Imágenes tal como aparecen en las webs:
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