Home  
El Dilema de Dilma
Estrategias de Superación del Hambre
Uruguay - Freno a la despenalización del aborto
Píldora del día después y cárcel
México. Tabaquismo y cáncer de mama
Alerta con el sol y los diferentes tipos de piel
¿De dónde vienen tus vaqueros?
Maternidad y trabajo
No me retoquen las arrugas
Los niños soldado: la realidad existente
Anorexia y Bulimia
Contaminación por mercurio. Una visión general
El virus del papiloma humano
Cuidado con el cáncer de mama
Qué hacer cada día para ahorrar energía
A Mony: una mujer
Aceite de oliva, oro líquido para la salud
Asesinadas
Para ti, hijo mío
Ocho de cada diez de las patologías de mama
Consumo de alcohol los fines de semana
Tabaco y enfermedades
La menopausia y la salud
Sociedad Civil
Mujer y cáncer de mama
Dos siglos de ceguera
A diez años del 11/S
México: Dos reporteras asesinadas
Cuba: Más embarazos adolescentes
La Trata
El caso del VIH/SIDA
22-M, triunfó el espíritu del 15-M
Matando al fantasma
Conciliar, entre la desigualdad y la utopía
El aviso de Fukushima
Los niños felices viven menos
El tabaco mata
Siete mujeres muertas
Las lunas mágicas no existen
Intolerancia religiosa
Causas de la anorexia y la bulimia
Métodos anticonceptivos
Mucho más acoso en las aulas
Y ellos son los que dicen proteger la vida…
El paro también afecta a la salud
Cientos de anuncios de prostitución
Vaya verano
Cómo elegir las gafas de sol
Animales: Explotación, comercio y tortura
La gran vulnerabilidad de las indígenas triquis
México-Oaxaca: La Triqui, una zona de olvido
Acusaciones contra el juez Baltasar Garzón
Forum Anna Lindh 2010
Palabras de Santiago Gamboa
Oaxaca: Abuso sexual imprescindible
Sobre la violación en Haití
Haití! ¡Sí hay país!
Médicos de Cuba en Haití
El llanto de Haití
Un 2010 lleno de esperanzas
Ayer noche, Luna Llena
Violencia impune
Más de 50 días en las calles de Honduras
El suicidio de Jokin (In Memorian)
Jorge Luis Borges. La palabra universal
Los compromisos del G-8 con las mujeres
Advertencia y amenaza para América Latina
Golpe de Estado al presidente de Honduras
Barack Obama
Fujimori, el «Drácula» del Perú
Honor Killings In Palestine
Muertos en el Yak-42 y sus familias - II
Argentina - 24 de marzo de 1976 - 24 marzo de 2009
Israel y los Territorios Palestinos
Los cuerpos de las mujeres como campo de batalla
Asesinan en Rusia a una periodista y a un abogado
Crónica final del viaje a Israel y Palestina:
Days and Nights of Israeli Horror in Gaza
The Bloody Saturday of Israel in Gaza
Irak es Vietnam
Premio Nobel de la Paz 2008
Asesinaron a una mujer quemándola viva
Por la lectura
Lydia Cacho en Barcelona
Las viudas del carbón
Ablación, el mayor dolor para las niñas

 Buscar
en 39ymas.com
Google


Temas Empresa Comunidad
  artículo del mes | e-novela | merc-arte | regístrate |
  17/05/2012
 

 No me retoquen las arrugas

Por María Donapetry 


“Por favor, no me retoquen las arrugas. Me ha llevado mucho tiempo ganármelas” 

La frase es de Anna Magnani pero me la adjudico. Me la apropio en parte porque no me queda otro remedio (no dejo que el tiempo pase sin que se note y sin que se me note), en parte porque acabo de ver el documental italiano Il Corpo delle Donne (Dirigido por Lorella Zanardo, Marco Malfi Chindemi y Cesare Cantú) y he salido de la proyección, y de la presentación que la propia Zanardo ha hecho en la sala, decidida a adoptar la filosofía “Magnani” en cuanto a mi cuerpo de mujer con pelos y señales, con arrugas y con lo que caiga.

El documental reúne imágenes de la televisión italiana en las que el cuerpo de distintas mujeres aparece sistemáticamente “embellecido” y humillado en todo tipo de programas. Lo de “embellecido” se refiere a las múltiples operaciones por las que tiene que haber pasado cada uno de esos cuerpos para adquirir una forma y volumen determinados, para que esos labios de mujeres maduras parezcan abultados a consecuencia del guantazo de un boxeador y, aun así, se consideren un ideal digno de exhibición pública. Lo de “humillados” no necesita prácticamente glosa: esas mujeres, esos cuerpos se deshumanizan una y otra vez para darle placer a alguien, aunque no sepamos bien a quién. No puedo creer o, mejor dicho, sí puedo creer que todavía haya neardentales en todas las televisiones del mundo; lo que me niego a creer es que estos genios de los medios de comunicación sean tan obtusos como para no darse cuenta de que ese tratamiento de la imagen de la mujer evidencia un espíritu mezquino y odioso que se complace en la degradación de quien no es como él.

La secuencia que más me afectó fue la de una mujer colgada con un harnés de un gancho como si fuera un jamón. De hecho, la cámara se enfoca en una joven que lleva la parte baja de un biquini negro ligeramente metida entre las nalgas mientras el jamonero le pone en cada nalga un sello de calidad o de origen como si realmente se tratara de un jamón. Gracioso el hombre, ¿verdad? Bien, pues ahora imaginemos que la persona colgada de un gancho no es una mujer sino un hombre negro o un judío. ¿Seguiría pareciendo gracioso?1
   

El documental no emite juicios morales o de valor ni en cuanto a la calidad de los programas ni en cuanto a lo que las mujeres están dispuestas a hacer para salir en la tele. No hay que ser un águila, sin embargo, para darse cuenta de que la participación femenina en su propia manipulación es un hecho. Ahora bien, esta realidad que vemos en la tele (y no es exclusivo de la italiana, por cierto) no surge en un vacío social o político. Tiene que darse un lavado de cerebro general y consistente para que tanto los embellecimientos como las humillaciones se consideren admisibles cuando no normativas en un medio visual. Síntoma inequívoco de esta naturalización de lo que es aceptable y deseable en cuanto a la apariencia de las mujeres es que, tan pronto como alguien protesta, critica o se niega a someterse a estas normas, se le llama feminista como si el término fuera en sí un insulto reservado para feas, viejas y aguafiestas.

Aquí es donde la frase de Anna Magnani adquiere dimensiones insospechadas: las mujeres tenemos cuerpo y mente, corazón e inteligencia, y estamos hartas de una infantilización (léase degradación) que hace incompatible nuestro cuerpo con nuestra vida. El bisturí, como una varita mágica en manos de un perverso, se empeña en borrar y retocar, en hacer desaparecer precisamente lo que somos y lo que nos hemos ganado viviendo. 


mdonapetry@yahoo.com


Página de origen de la imagen:
comunicazioni.it



1ª P. 28-05-2010

_________________
1
http://blog.leiweb.it/marinaterragni/files/2009/07/moricfinale.jpg


 

 

 
Últimas noticias
Servicios
jurídicos
Recursos Humanos
Coaching
Multimedia
Foro 39ymás
Regístrate
Contacta
Recomienda

RSS
¡No te pierdas nada!
¡Suscríbete!

Regístrate para recibir los nuevos artículos mensualmente



© Creactivitat 2002
quiénes somos - políticas de uso - políticas de privacidad - publicidad