![]() |
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| 17/05/2012 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
¿Miedo a volar del nido? ![]()
¿Pagar una hipoteca o compartir piso? ¿Aventurarse a salir de casa con 18 años o permanecer en el nido hasta mediada la treintena? Los jóvenes españoles, a diferencia de lo que sucede en otros países europeos, retrasan el momento de emprender el vuelo hacia la emancipación. ¿Las razones son sólo económicas? Es como uno de esos chistes. Van un español y un francés… Nacer cien metros más o menos allá de una raya invisible, una frontera, nos convierte a veces a ojos de los otros en una especie de extraterrestres, en clichés culturales, con diferentes lenguas, formas de entender la vida, las relaciones con la familia… Y así, lo que en un país es norma en el vecino es la excepción, y viceversa. Por ejemplo, un joven francés y otro español, con los mismos años e idéntica situación laboral, si hacemos caso de las estadísticas, obrarán de formas completamente distintas a la hora de irse de casa. Mientras que en Francia, y en Europa en general, los jóvenes tienen asumido que la mejor forma de adquirir autonomía es salir del nido cuanto antes, en España el concepto de juventud se estira como un chicle y la mitad de los jóvenes entre 30 y 34 años vive todavía con sus padres, masticando una y otra vez explicaciones como como la precariedad laoral o el precio desorbitado de la vivienda.
Familias colchón Estos dos son, tal vez, los argumentos de más peso para explicar la tardía emancipación familiar entre nosotros, pero también hay otros de carácter cultural o sociológico. En España si alguien echa a volar a los 18, a los 20, e incluso a los 25, crea a su alrededor la sospecha de que ha escapado de una “jaula”, de que algo no funcionaba bien en casa. Por otra parte, vivir solo es sinónimo de estar solo afectivamente. En el país vecino, por el contrario, el rarito es el que todavía con 25 años no se ha independizado, aunque sea de forma puntual o temporal, y vivir solo es valorado como algo muy positivo para crecer personalmente. Nuestros vecinos europeos, tal y como señala el estudio Autonomía de la Juventud Europea, elaborado por Sandra Gaviria para el Injuve (Instituto de la Juventud), no acostumbran a compartir piso, salvo con sus parejas, y no necesariamente para establecer un proyecto común o concreto a largo plazo. En España sucede lo contrario: la mayoría de los jóvenes tiene miedo a volar y sólo se va de casa cuando tienen todo completamente amarrado: un trabajo y una relación estables, dinero ahorrado, una casa propia y, a ser posible, con varias letras de la hipoteca ya pagadas. Mientras tanto, las familias ejercen como colchón, permitiendo cierta intimidad en las habitaciones, que con las nuevas tecnologías (Internet, telefonía móvil, etc.) se convierten en mini-pisos, con todo tipo de comodidades añadidas: ropa limpia y planchada, comida… A veces, incluso, son las propias familias que impiden el despegue. Y así, cuando los padres repiten frases como “a ver cuando te vas de casa y nos dejas tranquilos”, lo hacen con la boca pequeña. En el fondo, temen quedarse solos. Podríamos decir, por tanto, que los jóvenes españoles comparten piso… aunque con sus padres.
Comunas urbanas
Revista Cancha, editada por Caja Navarra (España), nº 18, marzo 2007
Fotografías: erasmus-innsbruck.com ciudadmalaga.olx.es
© Sebastián Xambó
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| ©
Creactivitat 2002 quiénes somos - políticas de uso - políticas de privacidad - publicidad |