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| 17/05/2012 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Una lección a aprender ![]()
viernes, 14 de julio, los tripulantes del pesquero español Francisco y Catalina avistaron una embarcación que iba a la deriva. En ella se encontraban 51 inmigrantes en situación desesperada. Sin pensárselo dos veces se dirigieron hacia ella y rescataron a todos y les dieron ropa y alimentos. Después de varias llamadas a los servicios de salvamento a los que se podía recurrir sin obtener respuesta alguna, el patrón planteó la situación a la tripulación y todos estuvieron de acuerdo en que los inmigrantes se quedaran a bordo hasta que se encontrara una solución. El puerto más próximo de donde estaban era La Valeta (Malta) y se dirigieron a él para repostar y para dejar a las personas rescatadas. Antes de llegar a puerto se encontraron con la sorpresa de que Malta no les daba permiso para entrar porque no quería inmigrantes. Tenían a bordo a 51, muchos de ellos eritreos ("la mayoría provinentes de un país en conflicto a los que se les podía aplicar la convención internacional sobre asilo y refugio", según el Secretario de Estado de Asuntos Exteriores Español), entre los que había 8 mujeres y dos de ellas embarazadas, y una niña que aún no tenía los dos años. Estaban a cinco días de navegación de España y necesitaban ayuda. Ayuda que les fue denegada. Recordemos que Malta es miembro de la Unión Europea desde 2004 y tiene suscritos convenios con la obligación de los estados de cooperar con los buques que prestan asistencia humanitaria. Al no permitirles la entrada en el puerto, el patrón del buque se puso en contacto con el Ministerio de Exteriores de España, fondeando a casi treinta millas de La Valeta. Desde este mismo día el pesquero estuvo custodiado por una patrullera maltesa cuyos ocupantes exhibían sus metralletas y que sólo les permitió aproximarse a la costa la distancia imprescindible para no perder la conexión vía satélite, que les permitía comunicarse vía exterior con sus móviles. Parecía que los pescadores estuvieran haciendo algo ilegal, se sintieron tratados como delincuentes. Las autoridades maltesas no se comportaron como se esperaba, al tercer día les hicieron llegar un bote con agua y pan de molde; al cuarto día un helicóptero les lanzó 20 kilos de arroz, 10 kilos de espaguetis y entre 8 o 10 paquetes de agua. Así pues la tripulación tuvo que compartir su propia comida con los 51 inmigrantes así como el espacio que resultaba del todo insuficiente. La embajadora española de Malta, Marta Vilardel, no dejó de negociar hasta que consiguió, que se les suministraran comidas y bebidas y que dejaran acercarse el barco a 16 millas para que la tripulación pudiera tener cobertura en sus móviles para llamar a sus familiares. También logró que un médico pudiera acceder al barco para atender a la niña. A los cinco días aún no había ninguna solución, la actitud de Malta continuaba siendo la misma, y los tripulantes y los rescatados se tenían que repartir el poco espacio del pesquero. Finalmente Malta aceptó que dos policías españoles se trasladaran al Francisco y Catalina para la identificación de los inmigrantes, para negociar entre España, Malta y la Comisión Europea que, una vez identificados, pudieran desembarcar en Malta y luego repatriarlos a sus países de origen. Al quinto día se tuvo que evacuar en helicóptero a una mujer embarazada que no se encontraba bien, junto a su madre y a su hija menor. Malta aceptó repatriar a sus países de origen a los inmigrantes que fueran identificados por los policías españoles. Acnur pidió a otros países de la región (la obligación sería de Malta o de Libano) que admitieran a los inmigrantes. Malta planteó que fuera España quien acogiese a los inmigrantes. Tras difíciles negociaciones durante más de una semana, el día 22 de julio llegaron a Madrid dos aviones que transportaban a 29 de los inmigrantes auxiliados por los pescadores españoles y que fueron trasladados a dos centros de acogida. En resumen 19 de ellos fueron acogidos por España, El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados se hizo cargo de los 10 rechazados por Libia, 5 fueron aceptados por Andorra, 12 por Italia y 5 por Malta. Los refugiados acogidos por España que soliciten asilo político, podrán permanecer en el país hasta que sus solicitudes sean resueltas. Los indocumentados que no soliciten asilo, tienen 40 días para permanecer en el centro de acogida. A los cinco aceptados por Andorra se les concede un permiso temporal de residencia de 90 días, pasados los cuales pueden decidir si quedarse a trabajar en el país o se van. Es la primera vez que Andorra realiza un acto de solidaridad de este tipo.
Ö Armador y patrón: José Dura. Ö Nueve tripulantes, unos de Muxía (A Coruña, España) y otros de Santa Pola (Alicante, España). Ö Jaime Valero, se encargaba de cocinar, Batiste Molina, segundo patrón; Álvaro Domínguez, contramaestre; Antonio Baeza, mayor de máquinas; José Pascual Lafuente, marinero; Moncho Morote, marinero; Jesús Alberto Nemilla, marinero; Manuel Pérez, marinero y Jose Emilio Tova, marinero. Ö Trabajaban en la campaña de la gamba. Ö La base del pesquero es Carboneras (Almería, España). “No somos héroes, somos marineros, pero volveríamos a hacerlo, sin duda alguna” Bautista Molina, segundo patrón. Ö La tripulación del pesquero hizo lo que indican los tratados internacionales: ayudar a las personas que están en peligro en el mar. Por ello estuvieron 8 días en alta mar junto con los 51 auxiliados, no pudiendo continuar la campaña de la gamba en la que estaban trabajando perdiendo unos 12.000 euros al día. Ö Los inmigrantes escribieron una nota en inglés agradeciendo a los tripulantes del Francisco y Catalina su ayuda. Ö El Gobierno español concedió, el 21 de julio, la Medalla del Mérito Civil al armador y a la tripulación del pesquero. Ö El Ministerio de Agricultura otorgará “ayudas” para “compensar las “perdidas” sufridas por la tripulación. Ö La Generalitat Valenciana les ha subvencionado con 50.000 euros para paliar las pérdidas sufridas. Ö A propuesta del eurodiputado Antonio Masip, los tripulantes del pesquero Francisco y Catalina serán candidatos al premio Príncipe de Asturias de la Concordia. “Somos humanos y lo volveríamos a hacer por que es una decisión en la que no influye ni el dinero ni cualquier otra cosa material”, “lo que hizo el Gobierno de Malta está feo y no lo entendemos”, dijo Durá.
Equipo Torrese
Fotografías: laverdad.es elcorreogallego.es
Laverdad.es Lasprovincias.es
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