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| 30/07/2010 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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La deforestación de la Amazonia ![]()
La Amazonia necesita medidas urgentes para no desaparecer
Greenpace presento su informe Devorando la Amazonia en la primavera del 2006, y lanzó en Europa una campaña destinada a presionar a las empresas que compran soja a la región y a concienciar a la población que consume alimentos derivados (productos avícolas y cárnicos procedentes de animales alimentados con soja). Según la ONG, eso no sería complicado, ya que la ruta de exportación es básicamente Santarem-Holanda, desde donde parte la distribución para el resto del continente. La campaña trataba de conseguir que las empresas implicadas en el comercio de alimentos y piensos animales no usaran la soja amazónica, y que los grandes comerciantes (y principales culpables de la deforestación salvaje), Cargill, ADM y Bunge, y otras empresas, dejaran de de comprar soja producida en la Amazonía, a la vez que se pedía que suscribieran un Pacto Nacional para la Erradicación del Trabajo Esclavo. También se pide que los bancos dejen de financiar empresas implicadas en el comercio de soja amazónica (caso: Maggi), así como que los gobiernos europeos se implicaran más en frenar la deforestación del Amazonia y en apoyar las políticas públicas brasileñas de implantación de unidades de conservación en la región. En lo que respecta a los consumidores, Greenpeace arremetió con su proverbial creatividad contra la red de McDonald’s, cuyo productos avícolas, particularmente en Inglaterra, son producidos a partir la avicultura de la empresa Sun Valley, concesionaria de Cargill. “McDonald’s estimula un comercio depredador de la Amazonía. Se tala la selva para poder plantar soja que alimente a los animales de Europa. Cada vez que usted hinca el diente en un Chicken McNugget, está mordiendo un pedazo de la Amazonía”, afirmó Pat Vendetta, coordinador de Greenpeace en Londres. Pese a los "teóricos" esfuerzos del gobierno brasileño de Lula da Silva, que quiere "armonizar "el desarrollo económico del país (aunque sea de sólo unos pocos) y la ecología, por ejemplo: adecuando (pavimentando) la larga carretera que cruza la selva amazónica, para mejorar la vida de la población y sobre todo para controlar el "crecimiento desmedido" del cultivo de soja, aplicando a al vez, más medidas concretas ambientales de protección. Medidas que pueden significar un avance positivo, pero que no van a servir para recuperar las 10.000 hectáreas que se han perdido durante su mandato. Evidentemente se han hecho cosas, como la protección de grandes parques, el control del negocio forestal, pero muy poco para atajar el dañino cultivo de la soja en la selva amazónica, cuya vegetación continúa menguando a un ritmo alarmante.
Soja, transnacionales y deforestación en el Amazonas La soja es el principal vector de deforestación, concluye la investigación que Greenpeace ha dado simultáneamente a publicidad en Brasil, Europa y EEUU: su estudio apunta a la soja como principal culpable de la deforestación de la Amazonía. La campaña de esta ONG quiere obligar a las empresas europeas a no comprar y a los consumidores a no comer alimentos derivados de la soja. McDonald’s fue el blanco principal de sus críticas. (Verena Glass en Carta Mayor). El pasado 6 de abril, la Campaña Internacional para las Selvas de Greenpeace dio a conocer de forma simultánea en Europa, EEUU y Brasil un informe resultado de tres años de investigación que no apunta ya a la industria maderera, viejo villano de la deforestación, sino a la expansión de la soja como vector principal de destrucción de la selva amazónica en Brasil. El estudio, que incluyó varias expediciones al arco de deforestación –una región que va del Sur del Pará al norte de Mato Grosso, incluyendo las áreas de Tocantins, Marañao y Rondonia—, avanzó además el registro de la devastación y el impacto socioambiental. A fin de cubrir todas las facetas de la cadena de soja en la Amazonía, se recogieron datos sobre la exportación, la comercialización y el procesamiento de la soja, incluido el seguimiento de los barcos para el mercado internacional y el destino final del producto, los alimentos consumidos por la población europea (más información: Rebelión, de Verema Glass, traducida para sinpermiso.info per Casiopea Altisench).
En la foto las instalaciones "ilegales" de Cargil, y la colosal obra del puerto no autorizado de exportación. Desgraciadamente, a pesar de sus buenas intenciones; desde la llegada al poder en Brasil del Presidente Lula da Silva en enero de 2003 se han destruido casi 70.000 km2 de selva tropical amazónica. Entre agosto del 2003 y agosto del 2004 se perdieron en un solo año 27.200 km2 – un área del tamaño de Bélgica. Tres cuartas partes de esta inmensa destrucción han sido ilegales. Por otro la lado, se ha demostrado que la deforestación para obtener cosechas como la soja no se traduce en un desarrollo significativo de los habitantes de la Amazonia brasileña, sino que lleva al desplazamiento de comunidades, la privatización ilegal de tierras públicas, el sufrimiento de los trabajadores esclavizados, y la contaminación de tierras y ríos. La devastación de la biodiversidad es irreversible, con la pérdida para siempre de un recurso sostenible de inimaginable riqueza. El impacto de la deforestación tampoco termina en los límites de la Amazonia. Al liberar a la atmósfera carbono en grandes cantidades, la destrucción de la selva tropical
El rey de la Soja y el gran deforestador
El poder de Maggi le ha permitido obtener financiación de los gobiernos brasileño y del Mato Grosso, así como grandes cantidades de dinero procedente de compañías privadas (incluyendo la suya propia), y fondos de prestamistas internaciones como la Corporación Internacional de Finanzas (CFI), el brazo prestatario privado del Banco Mundial. Los fondos concedidos "aparentemente" se destinan a proyectos de infraestructura para transporte que es la excusa ideal para llevar adelante una deforestación salvaje de la Amazonia, construyendo nuevas carreteras, puertos y vías navegables favorables a su negocio. Greenpeace estima que el Grupo André Maggi ha establecido 12 silos de soja en la Amazonia. Además de Maggi, también hay lideres locales como el "gran deforestador" José Donizetti Pires de Oliveira, “un criminal ambiental compulsivo”, en palabras de un Procurador Federal, que fue acusado a principios del año pasado de arrasar 1.645 hectáreas al este de Santarém, que ya se han convertido en la nueva frontera de la soja. Oliveira fue arrestado el 17 de marzo de 2006 en la oficina de la Asociación de Productores Agrícolas de Santarém(APAS), de la cual era presidente.
Julia López
Fotografías:
1ª Pub. 03-08-07
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