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  12/02/2012
 

 El planeta en peligro

 

En

apenas un año, se ha hecho evidente que la temperatura del planeta está aumentando a gran velocidad, lo que está provocando consecuencias que todavía no son drásticas pero que podrían serlo en un corto espacio de tiempo. Los científicos han dictaminado que, con un 90% de probabilidades, es la acción del hombre la causante de esta situación y que ha llegado la hora de que todos los gobiernos del mundo se tomen en serio esta incómoda verdad. No obstante, los ciudadanos también tenemos mucho que decir… y algo podemos hacer.

 

“…” Los más de 3.000 científicos que han elaborado un informe para Naciones Unidas, afirman que, con más de un 90% de probabilidades, es la acción del hombre la que está provocando el calentamiento global, algo que se ve muy claro en el hecho de que seis de los últimos siete años hayan sido los más cálidos desde que existen registros de temperatura y que auguren que 2007 será el año más caluroso desde 1659. Del mismo modo, indican que el planeta se ha calentado 0,8 grados desde el siglo XX (España ha incrementado su temperatura media en 1,5 grados), algo que seguirá sucediendo si continúa el ritmo de emisiones (España, por ejemplo, es el país del mundo que más incumplió el Protocolo de Kyoto en 2005, elevando su consumo hasta el 152,88% de lo marcado). Dan muy pocas posibilidades a que se deba a un cambio climático producido por el propio planeta y no por sus habitantes. De hecho, pronostican un aumeto de entre 1,8 y 4 grados hasta el 2100 y de entre 20 y 60 centímetros en el nivel de los océanos a causa del deshielo si el hombre no cambia su actitud. ¿Y esto qué podrá suponer? Muchas cosas y ninguna de ellas buena:

Ö  Se recrudecerán las sequías y las olas de calor.

Ö  Descenderán las precipitaciones en las zonas más secas y crecerán en las más húmedas.

Ö  Subirá la intensidad de los huracanes.

Ö  Desaparecerán tramos de costa por el aumento del nivel del mar.

Ö  Aumentarán los incendios y la deforestación (la selva del Amazonas se reduce año tras año y su importancia es vital, ya que recicla aproximadamente el 20% del CO2 del planeta).

Ö  Habrá más tormentas, inundaciones y escasez de agua.

Ö  Se producirán desplazamientos de animales hacia latitudes más frías, provocando cambios evolutivos y de los procesos migratorios.

Ö  Se alterará la floración vegetal y se extinguirán especies.

Ö  Aparecerán nuevas enfermedades y se intensificarán las ya existentes.

Ö  Se registrarán cambios en las corrientes oceánicas e intensificación de fenómenos como el “Niño” , algo que ya sucedió en 1997 y 1998.

Ante este panorama, francamente poco halagüeño, es importante exponer la principal causa que, según la gran mayoría de los expertos, de gases que potencian el efecto invernadero.

 

Efecto invernadero

Si la Tierra no contara con un sistema de efecto invernadero resultaría imposible vivir en ella tal y como ahora la conocemos, ya que la temperatura media anual sería inferior a 15 grados bajo cero –actualmente está en unos 14,4º- y los océanos se helarían. Lo que impide este hecho es la actuación de la atmósfera, que retiene parte de la radiación solar que reemite la Tierra hacia el exterior. Esto es, hace de pantalla para que no se escape el calor y la temperatura pueda convertirse en asumible para la gran mayoría de seres vivos. Lo que sucede es que la emisión de determinados gases potencia ese efecto invernadero y la pantalla se vuelve tan cerrada que retiene cada vez más calor, lo que desemboca en el calentamiento global.

 

¿Qué podemos hacer?

Los principales gases que acentúan el efecto invernadero son el dióxido de carbono, el metano y el dióxido de nitrógeno. Todos ellos se producen con la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural y en otra clase de actividades llevadas a cabo por el hombre, como la deforestación, la agricultura, los cambios en el uso del suelo, etc.

Ante esta situación, las preguntas lógicas son: ¿qué podemos hacer?, ¿estamos a tiempo de parar o, cuando menos, amortiguar este proceso? Los expertos afirman que, aunque ahora mismo cesasen las emisiones de gases ya emitidos afectarán durante 100 años, lo que significa que los cambios –con mayor o menor alcance- se van a producir casi con total seguridad. El reto que se plantea, entonces, es cómo disminuir de un modo radical las futuras emisiones para que éstas no se sumen a las que ya hemos provocado. Un reto que se plantea muy difícil.

El primer y claro motivo de esta dificultad no es otro que el crecimiento demográfico del planeta, ya que cada nuevo habitante trae debajo del brazo no sólo un hipotético pan, sino que también más emisiones, tanto de las que genera cada persona por sí misma como de las que se producen debido al incremento de actividad.

Pero tal vez sea el segundo motivo el más complicado de rectificar: el sistema productivo y de vida, basado en los principales países en un excesivo consumo tanto de bienes como de servicios. Si a esto le añadimos la gran cantidad de países de Asia, África y Sudamérica que todavía no se han sumado a este desarrollo, y que pueden hacerlo en el futuro, el panorama que se nos presenta no es nada alentador.

Dentro del sistema de vida que podríamos llamar desarrollado encontramos cuatro grandes grupos de emisiones:

Ö  Industria (30%):
si bien su actividad crece año tras año, también es cierto que cada vez son mayores los controles y obligaciones de las empresas para ajustarse a unas cifras concretas. No obstante, el aspecto decisivo es la apuesta decidida por las energías renovables y la biomasa como generadoras de energía en detrimento de los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural), que suponen alrededor del 80% de la energía primaria mundial.

Ö  Usos residenciales (10%):
los principales recortes se pueden lograr con viviendas bioclimáticas o reduciendo las fugas de calor, reduciendo la temperatura de la calefacción, los usos de agua caliente y evitando el funcionamiento de aparatos de alto consumo o de aquellos que se utilizan poco pero que se mantienen conectados a la red eléctrica, como el televisor, el DVD, vídeo, etc.

Ö  Agricultura y ganadería (15%):
la conversión de los bosques en tierras agrícolas es una fuente importante de emisión, así como el uso de determinados fertilizantes, herbicidas y plaguicidas. La intensificación de la agricultura (producir más en menos espacio) permitirá reducir la deforestación. Existen prácticas agrícolas capaces de reducir las emisiones de carbono y de almacenar el carbono en la biomasa de las plantas y en los suelos, a la vez que se incrementa la producción. Entre dichas prácticas se incluyen, por ejemplo, un mayor uso de maquinaria que utilice combustibles biológicos, no arar las tierras, cubrir el suelo con material vegetal, sembrar directamente y practicar la rotación de cultivos diversificados, así como nuevos sistemas de producción de arroz con menos emisiones de metano.

Ö  Transporte (30%):
representa, a juicio de todos los científicos, el principal reto, ya que suma más del 30% de lo emitido y apenas cuenta con legislaciones que limiten el uso de los transportes. El ritmo de vida occidental, con una presencia cada vez mayor de coches, aviones, etc., es el mayor contaminante. La apuesta pasa por reducir la excesiva dependencia del coche, primar el transporte público y desarrollar combustibles y vehículos más limpios. Algunas ciudades ya han comenzado a trabajar en este sentido: Londres ha instaurado un peaje urbano para acceder al centro, algo que también se ha puesto en marcha en Colonia, Frankfurt, Roma, Milán, Estocolmo y Oslo; París ha prohibido los vehículos más contaminantes, mientras que Helsinki ha reducido la velocidad interurbana de 50 a 30 km/h.

 

A este ritmo no se puede seguir

Cada día que pasa hay más gente concienciada de que a este ritmo no se puede seguir y cada vez son más las asociaciones y organismos que presionan a los gobiernos para que establezcan políticas eficaces de contención y ahorro. Sin embargo, los países del llamado Tercer Mundo siguen siendo los vertederos donde los ricos envían sus residuos.

 

Del artículo El Planeta, en peligro publicado en la Revista Cancha, editada por Caja Navarra, nº 18, marzo 2007

 

 

Más información:


Ayudando a ahorrar energía 
Planeta Tierra, equilibrio roto - I
Planeta Tierra, equilibrio roto - II 
Una verdad incómoda 
Qué hacer cada día para ahorrar energía 


www.cambioclimaticoglobal.com
www.ceroco2.org
www.greenpeace.es
www.frenaelcambioclimatico.org

Fotografías:
cielosur.com
expozaragoza.com
Paisaje de Segou (Mali) y Flor de la alcaparra originales de Jaime Mariscal

 

 

 
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