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  30/07/2010
 

 Madrid, Madrid...

 

¿Hasta cuándo?

El jueves el país se paralizó, en mi despacho apenas llegaban llamadas ni mensajes de internet, pero al final me pregunto: ¿servirá de algo este silencio, nuestras manifestaciones pacíficas, nuestra rabia contenida, nuestras lágrimas y las de todos los familiares de los inocentes –padres, niños, jóvenes, todos ellos trabajadores, estudiantes- que en un país en paz cumplían con sus obligaciones? ¿Qué respuesta hay a estas atrocidades? ¿Por qué no es posible un mundo en paz? ¿Tanto son los intereses económicos que están llevando al mundo a esta desestabilización que no conduce a nada?

A veces pienso que no es suficiente una generación para erradicar esos horrores. ¿Cuándo llegará el momento en que un gobierno cuide y vele por los reales y humanos sentimientos de las personas de a pie? Estoy de acuerdo en que la economía es el motor del mundo, pero, ¿dónde está la clave secreta para encontrar el equilibrio entre los intereses de unos gobiernos y el bienestar de los habitantes de este planeta?

Para mí no hay muertos de primera ni de segunda ni de tercera, sólo hay personas que querían vivir, trabajar, amar, escuchar, comprender, implicarse, con una vida corta que se intenta vivir honestamente y que por unos intereses incomprendidos para muchos de nosotros se les ha roto y les ha sido arrancada de cuajo.

Ahora llegarán unos días de duelo, de pena, de comentarios, de llantos ahogados, de homenajes, monográficos y grandes chorros de tinta, pero, ¿y después? Tendremos en el recuerdo este otro maldito día 11, y un montón de familias maltrechas y rotas que seguirán sin consuelo su lucha diaria. Son muchas preguntas y mucho dolor.

A ver si el domingo somos entre todos capaces de conseguir consenso en nuestras decisiones y convertimos este país en un país seguro y en paz. ¡Qué Dios nos ayude!

 

María Forteza Bueno, Barcelona

 

Volveré a coger mi tren

 

 

Mañana volveré a coger mi tren, y aun que el corazón me palpite más deprisa y se me erice el vello, lo haré con valentía. Mañana volveré a coger mi tren, y aunque con el llanto contenido por los muertos y los heridos, lo haré con firmeza. En el andén, haré lo que siempre hago, esperaré a mis compañeros y charlaremos hasta que llegue el tren. No modificaré ninguno de mis hábitos, no renunciaré a ninguna de mis costumbres ni rectificaré mi horario. No lo haré porque si lo hago, habré perdido mi pulso particular con aquellos que me quieren arrebatar uno de mis dones más preciados: mi libertad, que, a pesar de las dificultades, de las enfermedades, de los disgustos, los complejos y las nimiedades... me llena, porque puedo decidir qué hacer con ella. Hoy, soñaré con un mundo sin odio, sin guerra y sin fronteras, en el que yo pondré mi grano de arena. Para ello, volveré a coger mi tren.


 

José M. Miñana

 

 

 

 
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