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  30/07/2010
 

 La guerra y las armas

 

Texto extraído del artículo "En el suburbio bagdalí de Al Choola" de Robert Fisk, corresponsal en Oriente Medio del diario británico "The Independent".

 

 

El

 pedazo de metal sólo tiene treinta centímetros de alto, pero los números escritos en él contienen la clave de la última atrocidad en Bagdad. Como mínimo 62 civiles murieron ayer por la tarde y en el código de ese trozo de carcasa se encuentra la identidad del culpable. Ayer, estadounidenses y británicos hicieron todo lo posible para sugerir que un misil antiaéreo iraquí acabó con esas docenas de vidas y añadieron que "siguen investigando" la carnicería. Pero el código es de estilo occidental, no árabe. Y muchos de los supervivientes oyeron el avión.

 

Ayer por la mañana en el hospital de Nur se produjeron atroces escenas de dolor y sufrimiento. Una niña de dos años, Saida Jaffar, estaba envuelta en vendas y tubos, con una cánula metida por la nariz y otra por el vientre. Lo único que podía verse de ella era la frente, dos pequeños ojos y una barbilla. Junto a la pequeña, la sangre y las moscas cubrían una pila de vendas y tubos usados. No muy lejos, acostado sobre una cama mugrienta, yacía Mohamed Amaid, de tres años, con la cara, el vientre, las manos y los pies envueltos con vendas prietas. Había un gran charco oscuro de sangre coagulada a los pies de su cama. Este es un hospital sin ordenadores, su único medio son los primitivos aparatos de rayo X. Sin embargo, el misil estaba guiado por ordenadores y ese fragmento vital del fuselaje tenía un código informático. Los estadounidenses pueden verificarlo y confirmarlo fácilmente, si deciden hacerlo. Es el siguiente: 30003-704ASB7492. La letra B está rayada y podría ser una H. Se cree que podría tratarse de números de serie. Va seguido por otro código que los fabricantes de armas suelen llamar número de partida. Es el siguiente: MFR 96214 09.

 

La pieza de metal que posee los códigos fue recuperada tan sólo unos minutos después de la explosión del misil el viernes por la noche; la recogió un anciano cuyo hogar está a tan sólo noventa metros del cráter de un metro ochenta. Incluso las autoridades iraquíes desconocen su existencia. Los pedazos de metal del misil pulverizado cayeron entre la multitud -en su mayoría mujeres y niños- y entre las baratas paredes de ladrillo de las casas locales, y causaron amputaciones de extremidades y decapitaciones. "..."

 

Traducción: Verónica Canales Medina

© "The Independent"

Más información: La Vanguardia, 30-03-2003

 

Fotografía: ©Jaime Mariscal

e-mail: info@jmariscal.com

 

 

 

 

 
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